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| TRATAMIENTO NATURAL CONTRA LA DIABETES |
| Alimentación: El Alcohol y las grasas |
El
papel nefasto del alcohol y de las bebidas alcohólicas es demasiado
evidente para que insistamos en el tema. Los "aperitivos" y
"digestivos", el vino, la sidra, la cerveza, el vinagre, el kéfir, etc.,
deben proscribirse si se desea verdaderamente mantener la salud. Todo lo
que contiene alcohol actúa desfavorablemente sobre el conjunto del
organismo.
Se ha constatado que, durante los años de escasez que
siguieron a la segunda guerra mundial, los casos de cirrosis hepática
eran casi inexistentes, salvo en ciertas regiones en que se practicaba
la destilación clandestina; la situación era idéntica en lo concerniente
a las enfermedades mentales, hasta el punto de que durante esos años era
casi imposible para los estudiantes de medicina encontrar un hígado
cirrótico o un enfermo atacado de delirium tremens.
El café, el té, el
chocolate y el mate contienen, en proporciones diversas, alcaloides que
ejercen su acción nociva casi siempre en detrimento de las células
nerviosas. A estos productos tóxicos hay que añadir el tabaco, que
contiene asimismo sustancias denominadas "adictivas". El alcohol y los
alcaloides poseen, además, la propiedad de hacer precipitar el
colesterol que se halla en suspensión en los humores, y favorecer así su
acumulación en la superficie interna de los vasos, o su concreción en la
vesícula biliar.
Se ha subrayado que una lesión en el bulbo raquídeo
puede desencadenar los accidentes de la diabetes. Por otra parte, se ha
observado que, así como la excitación del sistema nervioso simpático
provoca el aumento de la glucemia, la inhibición del mismo la reduce
como en el caso de personas apacibles. La excitación rebaja la glucemia
y la inhibición la aumenta. Incluso una acción sobre los nervios
periféricos o sobre las terminaciones nerviosas puede traducirse en una
modificación de la tasa de glucosa en la sangre.
Desde esta perspectiva
se comprende mucho mejor la amplitud de las perturbaciones que pueden
ocasionar todas las sustancias susceptibles de ejercer su acción sobre
los centros nerviosos y hay que llamar la atención con la mayor firmeza
sobre los riesgos que supone darles a los diabéticos estimulantes e
inhibidores (alcohol, tabaco, alcaloides, azúcar industrial, carne,
etc.). Se le obliga al diabético a reducir los hidratos de carbono
(sobre todo, los más ricos en almidones y en azúcar) y se le orienta
frecuentemente hacia las grasas (mantequilla, principalmente), cuando la
verdad es que el consumo intensivo de estas grasas puede ser causa de la
enfermedad.
Se ha podido observar, en efecto, que hay más diabéticos en
los países con un nivel de vida elevado —y entre las clases sociales
favorecidas de los países pobres—, y esto se manifiesta en exacta
proporción con el consumo de materias grasas animales. En todos los
países, la tasa de mortalidad por causa de diabetes se corresponde con
el nivel de consumo de dichas materias grasas. Al igual que el alcohol,
las grasas animales pueden producir la cirrosis hepática, que se da con
bastante frecuencia en los casos de diabetes.
El aceite de oliva, que
ejerce una influencia bienhechora sobre el hígado, no parece que haya
podido contribuir en ningún caso a estos resultados. Las observaciones
relativas a la presencia de colesterol en el aceite de oliva deben
puntualizarse en el sentido de que existen varias clases de
colesteroles, y que el colesterol nuevo, sustancia a la vez protectora y
constitutiva de una parte de la célula, nada tiene en común con el
colesterol de la desasimilación, presente en los tejidos animales.
Con
todo, habida cuenta de que las materias grasas de cualquier origen son
más o menos acidificantes, es preferible restringir su uso para evitar
los trastornos de la acidosis y la acetonemia, sin olvidar que cuanto
mejor sea la calidad del aceite de oliva menos elevado es su grado de
acidez. Por otra parte, hay que decir en favor del aceite de oliva que,
en combinación con el limón, es uno de los mejores remedios contra la
acetonemia. Los niños pequeños afectados de este mal pueden tomar, todos
los días por la mañana, una cucharadita de aceite de oliva batido con
igual cantidad de zumo de limón.
Una alimentación coherente para el diabético
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