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TRATAMIENTO NATURAL CONTRA LA DIABETES
Alimentación y dietas: El azúcar
La diabetes impone la abstinencia de azúcar, pero habría que precisar que se trata del azúcar industrial, que aumenta la tasa de glucemia sin prestar ninguno de los servicios del azúcar natural. Los regímenes alimentarios que generalmente se prescriben a los diabéticos contribuyen más a sumirlos en la enfermedad que a hacerlos salir de ella.

La noción misma de "régimen" es perjudicial para la restauración de un estado anímico muy debilitado. El que sigue un "régimen" es un enfermo, físico o mental. No hay muchos modos de alimentarse, según que funcione mal tal o cual órgano, sino dos solamente: el bueno y el malo. Este principio es válido para todos, enfermos y sanos. Es verdad que pueden establecerse excepciones temporales; no se trata de imponer al organismo deficiente un alimento que éste no puede transformar ni asimilar en su situación actual.

Si el diabético no puede utilizar de modo conveniente los alimentos ricos en almidón, es posible reducirlos, al igual que se reduce la importancia otorgada a los alimentos compensadores. La prescripción de los "regímenes" dietéticos tiene su origen casi siempre en una mala interpretación. En el régimen de los diabéticos se excluyen a menudo los azúcares y los almidones, sin tener en cuenta la noción de calidad. Está cada vez más arraigado el hábito de clasificar los alimentos y prescribirlos (o prohibirlos) únicamente partiendo de esta clasificación.

La diabetes impone la abstinencia de azúcar, pero habría que precisar que se trata del azúcar industrial, que aumenta la tasa de glucemia sin prestar ninguno de los servicios del azúcar natural. Por ejemplo, cuando se ingiere una cantidad de fruta suficiente para aportar al organismo una dosis doble de azúcar, se asimila y queda almacenada en su totalidad, no aparece en la orina. En la diabetes, la necesidad patológica —y urgente— de azúcar obliga al organismo a producir una glucosa de calidad inferior, que los riñones no pueden retener y que aparece en gran parte en la orina.

Por tanto, no parece sensato suprimir del todo la ingestión del azúcar natural asimilable, como el de la fruta (fresca o seca), la zanahoria, la remolacha, la miel, etc. Estos azúcares naturales, que responden a necesidades urgentes del organismo, poseen entre otras virtudes la de estimular el páncreas y provocar la secreción de su hormona, la insulina; así evitan el riesgo del coma diabético. Los regímenes tradicionales, al excluir (total o parcialmente) los azúcares naturales (fruta dulce, miel, etc.), conducen a la atrofia definitiva del páncreas.

En cambio —y éste es nuestro criterio no sólo en el caso de la diabetes, sino en general—prohibiremos rigurosamente el uso del azúcar industrial, aparte las razones antes expuestas, por su acción acidificante. Además de ser, en sí mismo, un acidificante, la permanencia de una golosina en la boca genera ácidos y favorece la proliferación de las bacterias que atacan el esmalte de los dientes, y su transformación produce residuos ácidos, principalmente ácido oxálico residual.

Sabiendo que la acidosis puede llevar al coma diabético, hay que admitir el carácter nocivo de este azúcar artificial. Por otra parte, el azúcar industrial no es un alimento, sino un excitante. Es evidente que el uso de los sucedáneos, como los ciclamatos, tampoco resulta favorable, en razón de la excitación del sistema nervioso, acompañada de espasmos, que puede acarrear.  

Alimentación - Los almidones y las carnes

   
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