Todos
somos más o menos diabéticos en potencia. En un momento dado de nuestra
vida, bajo la influencia de una alimentación inadecuada, de una
agitación prolongada, de preocupaciones persistentes, de un traumatismo
grave, podemos hallarnos en estado de desnutrición, con todos los
trastornos que de él se derivan. Todo eso tiene que ver con la diabetes.
En efecto, hay distintas formas de diabetes, como pasa con muchas otras
enfermedades, que son aisladas, clasificadas, diferenciadas utilizando
términos distintos, y tratadas en consecuencia. Sin embargo, sus
orígenes suelen ser comunes, por lo que el tratamiento básico será igual
para todas las formas, con independencia de que se trate de diabetes
mellitus, diabetes insípida, frustrada, grasa, magra, nerviosa, renal,
etc.
Se suele admitir que una alteración del páncreas o, más exactamente, de
una de sus partes: los islotes de Langerhans, tiene como consecuencia la
aparición de la diabetes. Con todo, algunos autores han subrayado que la
autopsia de los diabéticos no siempre permite detectar anomalías en el
páncreas; sin embargo, sabemos que ciertos trastornos mentales pueden
producirse sin modificación anatómica del cerebro, al igual que las
funciones hepáticas están muchas veces seriamente afectadas, aun cuando
el examen del hígado no descubra nada anormal.
Dado que la estimulación de las funciones pancreáticas —más adelante
veremos el papel primordial de los azúcares a este respecto— se traduce
en una mejora del estado del diabético, es lógico que sus alteraciones
puedan ser causa de los trastornos registrados.
Sin embargo, el páncreas no se basta para la elaboración de los hidratos
de carbono, a la cual deben contribuir otras glándulas, comenzando por
las salivales y las paratiroideas, y continuando con las glándulas que
revisten la mucosa del estómago, el bazo y, naturalmente, el hígado y la
vesícula biliar. Por otra parte, ciertas glándulas endocrinas influyen
en el equilibrio biológico en general y en la regulación de la glucemia
en particular.
Así, la adrenalina que secretan las suprarrenales modifica el nivel de
la glucemia, mientras que la corteza de las mismas glándulas contribuye
a la constitución de reservas de glucógeno mediante la elaboración de
diversas sustancias, entre ellas la cortisona. La tiroxina, producida
por el tiroides, influye también en la tasa de glucemia. Una alteración
de la hipófisis puede originar secreciones que neutralizan la insulina
proveniente del páncreas.
Origen y síntomas de la diabetes
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