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| Historia de las Plantas Medicinales |
Desde
tiempos muy remotos, el hombre ha buscado en las plantas la curación de
los males de su cuerpo. Hasta nuestros días han llegado pruebas del uso
que en el antiguo Egipto se hacía de los efectos medicinales de las
plantas. Avanzando en la Historia, se observa una mayor inquietud por
las cualidades curativas de muchos vegetales autóctonos de las distintas
regiones del planeta.
Posteriormente, en Grecia y Roma aumentó el conocimiento de las plantas
medicinales, sobresaliendo Dioscórides, griego nacido en el siglo I,
quien en sus largos viajes con el ejército de Nerón adquirió un vasto
conocimiento de las especies vegetales con propiedades medicinales, lo
que dio lugar a que escribiera un amplio tratado que tuvo vigencia
durante toda la Edad Media.
La Alquimia y más tarde la Química y la Farmacia aprovecharon los
conocimientos que sobre el reino vegetal y sus aplicaciones venían de
épocas anteriores, de modo que hasta el momento de la consecución de
productos farmacéuticos sintéticos constituyeron la más importante
fuente de remedios para la salud humana.
La utilización de las plantas medicinales con fines farmacológicos ha de
seguir vigente, mientras en los laboratorios no se puedan crear de forma
económica las sustancias con que la Naturaleza dotó generosamente a
aquéllas. Durante varios siglos, se atribuyeron a las plantas poderes
curativos para alguna parte del cuerpo humano, a tenor de la semejanza
que el órgano corporal tuviera, en su forma, con una parte o la
totalidad de una planta.
En otras ocasiones, la relación entre la planta y su aplicación se
establecía por el color o el olor. De esta manera se siguió el erróneo
criterio de que, para averiguar la utilización medicinal de una planta,
debía atenderse a las formas del vegetal y así, por ejemplo, se atribuía
a las plantas de Echium vulgare la propiedad de defensa contra la
persecución de las víboras, dada la semejanza que los frutos de esta
especie poseen con una cabeza de víbora.
Al mencionado criterio se le daba como fundamento el que la Providencia
habría proporcionado a las plantas formas, olores, colores, etc., para
que los hombres pudieran encontrar con facilidad la aplicación de las
mismas a cada circunstancia. Siguiendo esta idea, se atribuyen
propiedades medicinales para el hígado a la planta Anemone hepatica,
dado que sus hojas recuerdan la forma de los lóbulos de dicho órgano.
Contra las afecciones de la cabeza, aquella Medicina basada en la
semejanza encontró remedio en la nuez, puesto que la analogía entre su
fruto y la cabeza humana inspiraba una relación directa. La envoltura
verde se relacionaba con el cuero cabelludo; la cáscara dura con el
cráneo; la película amarilla que cubre el fruto con las meninges, y el
fruto era homóloga del cerebro. Realmente el uso medicinal que se puede
hacer de la nuez está restringido a que su aceite se emplea para
expulsar la lombriz solitaria (tenia).
Plantas
Medicinales y Aromáticas
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