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La varicela es una enfermedad infecciosa causada por
el virus Herpesvirus varicellae, que se considera idéntico al del herpes
zoster, y afecta sobre todo la piel y la mucosa de la boca y la
garganta. Se considera una enfermedad de la infancia, ya que aunque los
bebés nacen con una inmunidad que les confiere su madre, ésta desaparece
en el primer año de vida y el niño puede adquirir la enfermedad por
contagio directo. La dolencia tiene un período de incubación de 14 a 16
días antes de que aparezcan los síntomas, y tanto los niños como los
adultos pueden contagiarse los virus entre sí; cuando el virus afecta a
los adultos puede causar urticaria.
Los brotes de varicela son más fuertes durante el otoño y el invierno, y
parece ser que se suceden en ciclos de tres o cuatro años. El virus se
transmite por contacto directo con las lesiones de la piel o, con mayor
frecuencia, a través de las gotitas de saliva de las personas afectadas,
casi siempre en el período en que aún no se han manifestado los
síntomas. Las secreciones de las lesiones cutáneas pueden contagiar el
virus hasta que se secan por completo. Por otra parte, la transmisión
indirecta a través de portadores sanos u objetos es muy rara.
SÍNTOMAS Y DESARROLLO
Los primeros síntomas son malestar general, dolor de cabeza, ligero
aumento de la temperatura, pérdida del apetito y algunas veces una
erupción en la piel, de color rojizo, que desaparece con prontitud. A
partir de las siguientes 24 a 36 horas aparece la erupción cutánea, que
suele ser leve en los niños, pero se manifiesta con mucha más intensidad
entre los adultos. Al principio las manchas aparecen en la boca y en la
garganta, donde revientan con rapidez, causando dolor e irritación; más
adelante se extienden al tórax y a la cara y, en ocasiones, a las
extremidades. La mancha empieza como un punto que se inflama a las cinco
o seis horas, formando una vesícula llena de un líquido claro, donde
abundan los virus. Esta mancha se va transformando hasta formar una
pústula, y al final una costra.
Las erupciones se desarrollan a lo largo de uno o dos días, en los que
el enfermo se siente irritado y tiene temperatura elevada, de hasta 38
°C. La intensidad de la erupción varía: así, mientras algunos niños
presentan muy pocas manchas, otros pueden presentar un gran número de
ellas. Una vez formadas las costras, las lesiones producen escozor, que
puede durar hasta que la lesión desaparece, al cabo de una o dos
semanas, cuando la piel se recupera por completo. Los adultos que
contraen la varicela, a menudo tienen síntomas similares a los de la
gripe durante unos días antes de que aparezca la erupción, y además
tardan más que los niños en recuperarse. Las personas que sufren
varicela deben permanecer en casa. No es imperativo que los niños
guarden cama, aunque algunos lo prefieren.
COMPLICACIONES
Aunque existen muy pocos riesgos relacionados con la varicela, se dan
casos en los niños que ingieren medicamentos esteroides o sufren alguna
otra enfermedad, como la leucemia, que, si se contagian, pueden padecer
una varicela de extrema gravedad, que puede llegar a ser mortal. Otra
consecuencia posible, pero muy poco frecuente, es la encefalitis o
inflamación del cerebro, que ocurre cuando el virus afecta el sistema
nervioso y puede presentarse entre el cuarto y el décimo día desde la
aparición del brote; esta enfermedad necesita hospitalización, ya que
reviste suma gravedad. Las complicaciones más comunes derivan de las
lesiones de la piel, que pueden infectarse y producir un pus
amarillento; asimismo, las lesiones cercanas a los ojos pueden dar lugar
a una conjuntivitis infecciosa, que se trata con antibióticos. También
puede producirse una varicela hemorrágica con pequeñas pérdidas de
sangre en las propias vesículas o en la piel circundante. Aquellas
personas que corran el riesgo de sufrir una dolencia grave si se exponen
a la infección del virus de la varicela, pueden recibir protección
mediante una inyección de inmunoglobulina. Caso aparte son los recién
nacidos cuya madre sufre una varicela a los pocos días del parto, ya que
corren un alto riesgo de contraer una forma grave de la enfermedad. A
pesar de que la varicela confiere inmunidad permanente después de
haberla superado, algunas personas, sobre todo las ancianas o
debilitadas, pueden sufrir ataques repetidos de herpes zoster por
reactivación del virus.
TRATAMIENTO
No existe un tratamiento específico contra este virus, por lo que se
debe esperar que la enfermedad siga su curso normal. Los dolores de
cabeza o garganta pueden tratarse con analgésicos, como el paracetamol,
y el escozor causado por las erupciones se puede aliviar mediante la
aplicación de una loción calmante de calamina, que tiene propiedades
refrescantes y suavizantes. Para reducir la irritación también pueden
aplicarse medicamentos antihistamínicos, que el médico debe aconsejar, y
la fiebre, sobre todo entre los adultos, se rebaja con aspirinas o
antitérmicos. Los niños no deben asistir al colegio por lo menos durante
una semana desde la aparición del brote para evitar contagios, si bien
esta medida debe ser consultada siempre con el médico. Al cabo de diez
días o dos semanas las lesiones habrán sanado por completo, aunque si se
hubieran rascado o lacerado, el proceso de curación puede durar más
tiempo. Debe tenerse en cuenta que si las lesiones se rascan o se
infectan pueden dejar cicatrices.
CÓMO CUIDAR AL ENFERMO CON VARICELA
•Administrar analgésicos suaves para los dolores de garganta y de
cabeza.
•Aliviar el escozor de las lesiones mediante la aplicación de una loción
de calamina o con medicamentos antihistamínicos, con el fin de reducir
la irritación.
•No deben manipularse ni rascarse las lesiones, para evitar el riesgo de
infección y la formación de cicatrices.
•Observar una estricta higiene, bañando cada día al niño, manteniendo
sus uñas cortas, y las manos, tanto del niño como de quien lo cuida,
limpias.
•Administrar gran cantidad de líquidos cuando se presente fiebre. Por el
contrario, la cantidad de alimentos sólidos ingeridos puede ser menor
que la de costumbre.
•El niño no debe ir a la escuela por lo menos durante la semana
siguiente a la aparición del brote, para evitar la propagación de la
enfermedad.
CONTINUAR
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