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IMPOTENCIA
Las causas más frecuentes de impotencia o disfunción eréctil son los
factores de carácter psíquico, que pueden ser de signo muy diverso,
aunque en la mayoría de los casos se manifiestan con un incremento de la
ansiedad y comportan inhibiciones sexuales y conflictos de relación con
la pareja, por lo demás, síntomas comunes a todas las impotencias. En
raros casos, la causa principal es de carácter orgánico, como las
alteraciones en el flujo sanguíneo de entrada (arterial) o de salida
(venoso) en el pene. Otras impotencias están asociadas al uso de
medicamentos que reducen la capacidad eréctil, entre otros, los
hipotensores, los antidepresivos y los anipsicóticos. Cualquiera que sea su etiología, la terapia sexual siempre resulta
conveniente, ya que reduce estos síntomas y, en algunos casos, ello
resulta suficiente para curar la impotencia. En cuanto a la provocada
por problemas circulatorios, la cirugía vascular ha experimentado
grandes avances y, en la actualidad, la implantación de prótesis puede
solucionar el problema con una intervención cuyo éxito oscila entre el
30 y el 80% de los casos.
EYACULACIÓN PRECOZ
Las causas de la eyaculación precoz suelen ser exclusivamente
psicológicas. Por lo general, la falta de control eyaculatorio que la
define está asociada con la no identificación de las sensaciones que
preceden al orgasmo, por lo que la terapia básica de la eyaculación
prematura tiene como objetivo el enseñar al hombre afectado a
identificar esas sensaciones. En estos casos es fundamental el apoyo y
la participación de su pareja sexual.
FRIGIDEZ
El término «frigidez» rara vez se utiliza en medicina, ya que las
causas de esta disfunción suelen ser psicológicas en la mayoría de los
casos. La dificultad «física» de algunas mujeres para realizar el coito,
que se convierte en un acto doloroso e imposible, se debe, por lo
general, a causas emocionales o psicológicas. El miedo a un embarazo no
deseado, a ser considerada como objeto sexual o a no corresponder con la
misma intensidad a su pareja se manifiestan como una disfunción sexual
general. Como en el caso del varón, el tratamiento más adecuado consiste
en la terapia de pareja que erradique las actitudes negativas y
posibilite restablecer una relación normal mediante un aprendizaje
progresivo del goce sexual.
ENFERMEDADES DE TRANSMISIÓN SEXUAL
La aparición del sida parece haber eclipsado la importancia de
BUSCAR OTRAS ENFERMEDADES de transmisión sexual cuya menor gravedad e inferior
incidencia, durante las últimas décadas, no deben inducir a la
despreocupación, sino más bien a un control sanitario de forma regular y
responsable que evite posibles riesgos mayores. Las enfermedades de transmisión sexual (ETS) son infecciones que se
adquieren mediante el contacto, en el curso de la relación sexual, con
una persona infectada. Están causadas por microorganismos presentes en
los fluidos corporales, como la sangre, el semen y las secreciones
vaginales, a través de los cuales pueden pasar de una persona a otra.
Algunas ETS, como, por ejemplo, el herpes, aunque se incluyan en esta
denominación, pueden transmitirse mediante contacto no sexual.
Por lo general, las ETS son más difíciles de detectar en la mujer que
en el hombre, puesto que los órganos sexuales femeninos están más
ocultos, con frecuencia se inician sin síntomas de ningún tipo y sólo se
descubren cuando llevan algún tiempo activas. Los síntomas más
frecuentes de las ETS son las secreciones anómalas vaginales o peneanas,
las molestias en los genitales, prurito o la sensación de dolor o de
irritación al orinar. Asimismo, las ulceraciones, los bultos o las
ampollas en la zona genital pueden ser síntomas de una de estas
enfermedades. Nadie es inmune a las ETS y las reinfecciones son muy frecuentes, en
especial cuando uno de los integrantes de la pareja no ha sido tratado y
diagnosticado cuando el otro ha padecido alguna enfermedad de este tipo.
No obstante, con excepción del sida, casi todas las ETS pueden ser
curadas sin demasiadas complicaciones. Ante la sospecha de padecer una
ETS hay que acudir de inmediato, según el caso, a un especialista en
ginecología, en dermatología, en urología o bien a un centro de
planificación familiar o a las unidades especializadas en ETS.
El sida es una condición que rompe el sistema de defensas del
organismo ante cualquier tipo de infección. El virus de
inmunodeficiencia humana (VIH) se encuentra en la sangre, en el semen y
en las secreciones vaginales y, en algunos casos, se ha detectado
también en la orina y en las heces. Hasta el momento actual, el
profiláctico de látex (preservativo) continúa siendo el método de
protección más fiable para impedir el intercambio de fluidos corporales. El hecho de no presentar síntomas manifiestos de ETS no es señal de
que no se esté contagiado o no se pueda contagiar a los demás. Muchas de
estas enfermedades se inician con síntomas bastante tenues, por lo que
la menor anomalía debe ser motivo de consulta inmediata al especialista.
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