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Si bien se realizan trasplantes de muy diversos órganos, los más
frecuentes son los de riñón y los de corazón. De características
distintas, tienen en común el posible rechazo del órgano trasplantado y
la necesaria inmediatez con que se debe hacer el trasplante, debida a
que el órgano se deteriora rápidamente y no puede conservarse durante un
período de tiempo excesivo.
RECHAZO
El principal problema que presenta una operación de trasplante
consiste en que el organismo del paciente trata al órgano que le ha sido
trasplantado como a un elemento extraño y los anticuerpos lo combaten
como si se tratara de un proceso infeccioso. Para contrarrestar este problema se procede a buscar un donante
adecuado, que será aquel cuyos tejidos sean lo más compatibles posible
con los del receptor, desde el punto de vista inmunológico. En segundo
lugar, el paciente será tratado de por vida con medicamentos,
denominados inmunodepresores, que reducen el rechazo; la dificultad
estriba en la correcta y exacta dosificación de tales fármacos, pues si
son insuficientes se producirá el rechazo y si son excesivos causarán la
indefensión del paciente ante las infecciones.
TRASPLANTE CARDÍACO
Desde que el doctor Barnard llevó a cabo el primer trasplante de
corazón en un ser humano, en 1967, los trasplantes de corazón se han ido
realizando, con mayor frecuencia, en casi todo el mundo. La intervención
quirúrgica está indicada en personas no mayores de 55 años, que no
padezcan BUSCAR OTRAS ENFERMEDADES graves o que dificulten su recuperación y
sólo en aquellos casos en los que, de no realizarse el trasplante, se
produciría la muerte del paciente.
El corazón del donante debe ser aproximadamente del mismo tamaño que
el del receptor y es necesario que los tejidos de ambas personas sean
compatibles, con el fin de reducir los posteriores riesgos de rechazo. Una vez extraído el corazón del donante, se conserva en recipientes
estériles, en una solución salina sometida a baja temperatura, y se
procede al traslado hasta el hospital donde deba efectuarse la
intervención. Este traslado se llevará a cabo lo más rápido posible,
pues el tiempo máximo que puede transcurrir entre la extracción y la
implantación no puede superar las tres horas. Durante la operación, que se prolonga unas tres horas, la sangre del
paciente es impulsada por una bomba de circulación extracorpórea. En la
intervención no se sustituye el corazón entero sino que se unen los
ventrículos y los vasos sanguíneos del donante a las aurículas del
receptor. En el postoperatorio el paciente se recobra, normalmente, con
bastante rapidez, pudiendo hacer una vida casi normal. No obstante, el
peligro del rechazo se mantiene durante varios meses.
TRASPLANTE RENAL
El trasplante de riñón ofrece menos dificultades que el de corazón,
por lo que se practica con mucha mayor frecuencia, si bien siempre
existen fuertes condicionamientos. Las compatibilidades del donante son
también menos rigurosas que en el caso anterior, y el riñón del donante,
una vez extraído, puede conservarse durante algo más de 24 horas, lo que
permite un mayor margen de maniobra. La intervención tiene mayores posibilidades de éxito cuando el
paciente receptor no es ni demasiado joven ni muy anciano y cuando no
sólo no padece ninguna enfermedad grave sino que se encuentra en buena
forma física. Difícilmente se realiza un trasplante de riñón a un niño
menor de ocho años, por la dificultad añadida debida al tamaño del riñón
del donante. Una de las complicaciones más habituales posteriores a un trasplante
de riñón es la infección, por lo que se administran antibióticos al
paciente, además de los medicamentos inmunodepresores necesarios para
evitar el rechazo. Si en el postoperatorio de un trasplante de riñón se presenta rechazo,
siempre existe la posibilidad de salvar la vida del paciente mediante el
tratamiento por diálisis, a través de un riñón artificial.
OTROS TRASPLANTES
Además de los trasplantes cardíaco y renal, se realizan también el de
otros órganos, con mayor o menor frecuencia. Así, los injertos de córnea
son bastante usuales y presentan pocas complicaciones, pues, al tratarse
de un tejido que carece de irrigación sanguínea, no llegan a él los
anticuerpos ni los glóbulos blancos de la sangre. El trasplante de hígado, poco habitual, se realiza sustituyendo el
órgano enfermo en su totalidad y alojando el nuevo órgano en el mismo
lugar que ocupaba el original, a diferencia del trasplante de riñón, que
se suele hacer dejando el original en su sitio y alojando el nuevo en la
pelvis.
CONTINUAR
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