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TOS FERINA: ENFERMEDADES, CAUSAS, SÍNTOMAS Y TRATAMIENTO.
La Tos Ferina es una enfermedad de origen bacteriano muy contagiosa que afecta principalmente el sistema respiratorio. Suele ser leve en adultos, pero es bastante grave cuando el paciente es un niño de corta edad o un bebé.

EnfermedadesLa tos ferina, también conocida por pertussis, está causada por la bacteria Bordetella pertussis, que se aloja en el tracto respiratorio y se transmite a través de las gotitas de saliva del afectado expelidas al toser. Se trata de una enfermedad endémica en todo el mundo, registrándose brotes periódicos de carácter epidémico cada tres o cuatro años. La incidencia de la enfermedad es mayor en los niños de uno a cuatro años de edad, y cuando afecta a bebés de pocos meses, la tasa de mortalidad alcanza niveles alarmantes. En los adultos, la enfermedad reviste una forma de presentación leve.

SÍNTOMAS
En una primera fase los síntomas de la tos ferina son parecidos a los de un resfriado común: se produce una tos seca, un ligero aumento de la temperatura y congestión nasal. Esta fase inicial, conocida como catarral, puede durar de una a tres semanas, y es seguida por la fase paroxística, en la que se producen frecuentes y duraderos accesos de tos, que someten al paciente a un penoso esfuerzo para respirar, con el rostro congestionado e incluso azulado (cianosis), produciendo un ruido característico conocido como «estridor laríngeo»; son frecuentes los vómitos después del ataque de tos. A la fase paroxística, que dura de una a tres semanas, sigue una prolongada fase de convalecencia durante la cual los síntomas remiten.

COMPLICACIONES
La espesa mucosidad que se produce en los casos de tos ferina puede bloquear el acceso del aire a los bronquios y causar un colapso pulmonar. Son habituales las complicaciones que derivan en neumonía, bronconeumonía, infecciones en el oído y hemorragias nasales, así como la deshidratación. Con menor frecuencia, se puede producir insuficiente oxigenación del cerebro, que causa convulsiones y pérdida del conocimiento; más raramente se dan casos de hemorragia cerebral.

PREVENCIÓN
Se puede conseguir una inmunización activa por medio de la vacunación, obligatoria e incluida en el calendario de vacunación de todos los países industrializados, que se lleva a cabo en tres fases: la primera cuando el bebé tiene tres meses, la segunda a los dos meses de ésta y la tercera seis meses después, aunque también puede administrarse siguiendo otras pautas de aplicación. La vacunación confiere inmunidad en un 80% de los casos, mientras que en el 20% restante la enfermedad se desarrolla de forma más leve y sin complicaciones graves. Después de la primera dosis de vacuna, ocasionalmente, pueden producirse efectos indeseados, como febrícula o irritación, pero son poco significativos. Otros efectos más graves, como la encefalitis, son excepcionales, por lo que en la actualidad la vacunación se aplica de forma sistemática.

TRATAMIENTO
Aunque los antibióticos se muestran poco eficaces para combatir la enfermedad, el médico puede indicar la administración de eritromicina con el fin de prevenir complicaciones colaterales y reducir la gravedad. Además, se le dan al niño comidas frecuentes y poco abundantes, para reducir el riesgo de vómito. Durante el acceso de tos, se mantendrá al paciente boca abajo, si es un bebé, o bien, sentado e inclinado hacia adelante, si es un niño mayor. No son convenientes los fármacos para suprimir la tos, pues ésta favorece la eliminación de la mucosidad que, de otra forma, invadiría los pulmones. Si el paciente sufre deshidratación o bien dificultades respiratorias agudas, deberá recibir un tratamiento hospitalario.

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