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El corazón actúa como una bomba que impulsa la circulación sanguínea
por el organismo. Es un órgano muscular compuesto por dos bombas, cada
una dividida en dos cámaras, las aurículas y los ventrículos,
interconectadas por válvulas. La sangre se bombea desde el lado derecho del corazón hacia los
pulmones, donde se retiran los gases de desecho y se aporta oxígeno; una
vez oxigenada, la sangre regresa por el lado izquierdo, desde donde se
bombea a todos los demás órganos y tejidos.
FRECUENCIA Y RITMO CARDIACOS
Las fibras musculares del corazón deben contraerse al unísono para
funcionar con normalidad. Los impulsos bioeléctricos procedentes de un
grupo de células ubicadas en la aurícula derecha rigen las contracciones
del corazón; estos impulsos fluyen por caminos que comunican con las
fibras musculares de las cuatro cámaras. Cuando se daña cualquier parte de este complejo sistema de conducción
se altera el ritmo regular de los latidos, y como resultado pueden
producirse diferentes trastornos del corazón, como paro cardíaco,
fibrilación ventricular, fibrilación auricular, bloqueo cardíaco o
taquicardia, entre otras.
TAQUICARDIA PAROXÍSTICA
El corazón de un adulto sano late a un ritmo aproximado de 50 a 80
pulsaciones por minuto. Este ritmo se eleva hasta alrededor de 160 o más
cuando se realiza un esfuerzo físico intenso, por ejemplo, correr o
saltar, como respuesta a la fiebre o en caso de excitación nerviosa; en
este caso no resulta un trastorno sino un proceso de adaptación y se
denomina taquicardia sinusal. Cuando una persona tiene un ataque de taquicardia paroxística los
latidos se aceleran hasta 160 por minuto de forma repentina. El acceso
puede prolongarse durante un minuto, o durar varias horas. No es un
trastorno grave, aunque debe consultarse con un médico, ya que puede
resultar un síntoma de algún trastorno subyacente, como la insuficiencia
cardíaca congestiva o la fibrilación auricular.
SÍNTOMAS
El síntoma característico son las palpitaciones: se percibe una
aceleración en el ritmo de los latidos del corazón acompañada por una
sensación de ansiedad, aunque también pueden presentarse otros síntomas,
como dificultad respiratoria, desmayos y un dolor agudo en el pecho.
DIAGNÓSTICO Y TRATAMIENTO
En caso de ataques de taquicardia repetidos es conveniente consultar
a un médico, quien ordenará un electrocardiograma para establecer el
diagnóstico. Cuando una persona percibe que se ha acelerado su ritmo cardíaco
puede intentar normalizarlo de varias formas, como retener la
respiración durante un momento, aspirar profunda y lentamente, beber un
trago de agua o mojarse la cara y las muñecas con agua fría; otra forma
consiste en mantener los orificios nasales tapados y soplar por la
nariz, de manera que el aire presione los tímpanos.
Algunas sustancias como el café, el té, el tabaco y el alcohol pueden
inducir taquicardia en algunas personas susceptibles, por lo cual, en
estos casos, es conveniente evitarlas. En ocasiones la taquicardia está asociada a la ansiedad, sin que
pueda establecerse si ésta genera taquicardia o es la taquicardia la que
hace que la persona padezca ansiedad. De todas maneras es importante
tratar de reducir la ansiedad. En caso de un ataque de taquicardia paroxística el médico puede
realizar un masaje en el cuello, sobre la arteria carótida. Este
tratamiento no debe realizarlo una persona inexperta, ya que una presión
excesiva puede causar un paro cardíaco. Como tratamiento preventivo, el médico puede prescribir la
administración de un fármaco betabloqueante, para disminuir la
excitabilidad del músculo cardíaco.
CONTINUAR
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