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El oído está constituido por tres partes: el oído
externo, que recoge y canaliza las ondas sonoras a lo largo del canal
auditivo externo; el oído medio, que recibe las ondas y las envía hacia
el oído interno; y el oído interno donde se convierten en impulsos
nerviosos y se transmiten al cerebro. El oído interno también contiene
el órgano del equilibrio. Esto explica que algunas enfermedades que
causan sordera también afecten el sentido del equilibrio y puedan causar
vértigo. El oído medio está conectado con la parte posterior de la
faringe mediante un conducto denominado trompa de Eustaquio. Al ascender
una pendiente deprisa o cuando despega un avión, se tiene una sensación
de taponamiento de los oídos; esto se debe al descenso de la presión
externa, que permite que el aire se expanda en el oído medio. La
molestia es momentánea y desaparece al bostezar o deglutir, lo que
iguala la presión y permite que el aire salga por las trompas de
Eustaquio hacia la faringe.
TIPOS DE SORDERA
Existen dos tipos de sordera: la conductiva y la perceptiva. En la
primera los sonidos no llegan al oído interno, y esto puede ser causado
por un tapón de cerumen en el oído externo o por la disminución de
movilidad de los huesos del oído medio. Cuando se produce una sordera
perceptiva los sonidos alcanzan el oído interno, pero no son
transmitidos al cerebro, por lo general a causa de una lesión de la
cóclea o del nervio auditivo. Sin embargo, en algunos casos, la sordera
puede ser conductiva y perceptiva al mismo tiempo; así, por ejemplo, un
anciano puede tener un exceso de cerumen, que origina una sordera
conductiva, junto con una lesión del nervio que transporta el sonido
hasta el cerebro.
Una pérdida auditiva leve o parcial resulta muy común y afecta de forma
diferente a los que la padecen, de acuerdo con su edad o sus
actividades. Así, la sordera puede dificultar la capacidad general de
los niños para aprender y para hablar, en tanto que puede causar una
sensación de aislamiento y soledad en un adulto. El conducto auditivo
externo está recubierto por una extensión de la piel de la oreja; por lo
tanto, a excepción de los tapones de cerumen, todos los trastornos que
lo afectan son de la piel y no revisten gravedad para el mecanismo
auditivo. Los trastornos más comunes del oído medio son las infecciones
y lesiones del tímpano. Los procesos infecciosos pueden ser causados por
bacterias o virus que penetran hasta esta parte a través del tímpano
—porque éste se haya perforado— o de la trompa de Eustaquio. Asimismo,
los delicados huesecillos que llevan las vibraciones sonoras al oído
interno son muy vulnerables y determinadas sorderas constituyen un
síntoma de diferentes trastornos en esta parte. El oído interno tiene
dos estructuras sensibles: la cóclea, también llamada caracol, y el
laberinto, que rige el equilibrio del cuerpo. Si resultan dañados se
produce una sordera perceptiva, con escasas posibilidades de
tratamiento.
PRUEBAS DE DIAGNÓSTICO
Las personas con audición normal pueden oír las palabras en voz baja a
una distancia de un metro y medio. Si una persona está afectada por una
pérdida grave de la audición no podrá escuchar cuanto se diga a 15 cm de
su oído. Existen varios métodos para probar la capacidad auditiva de una
persona; una de ellas es la prueba de la impedancia, que mide la
capacidad del tímpano para reflejar las ondas sonoras. Esta prueba se
realiza introduciendo una sonda cubierta de material aislante en el
canal del oído externo, para cerrar su entrada. Mediante un transmisor
colocado en la sonda se dirigen sonidos al tímpano, mientras se regula
la presión en el canal. Los reflejos de estas ondas sonoras se miden con
un receptor, para averiguar la existencia de alguna lesión y su origen.
La audiometría mide la capacidad de escuchar los sonidos transmitidos
por el aire, y la capacidad de percibir sonidos transmitidos por los
huesos de la cabeza, mediante la emisión directa de ruidos sobre los
huesos del cráneo.
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