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El VIH ataca con especificidad un tipo de glóbulos
blancos de la sangre, los linfocitos, y en particular la variedad «T4»,
o linfocitos cooperadores, que desempeñan un papel esencial en el
sistema de defensa inmunitaria específica del organismo humano. Cuando
una bacteria o un virus entran en el cuerpo, el sistema inmunitario se
activa de forma inmediata. Los glóbulos blancos fagocitan o destruyen
los microbios, y producen anticuerpos contra los invasores. El agente
productor del sida, o virus VIH, invade los linfocitos reproduciéndose
en su interior y acaba por destruirlos. El organismo infectado queda así
sin defensas naturales ante otras posibles infecciones o células
tumorales, que en condiciones normales no representarían peligro alguno.
En la primera fase de la infección por el VIH la persona afectada no
presenta ninguna alteración física, y se encuentra en el estadio de
«portador asintomático». Una persona infectada puede ser portadora
asintomática durante muchos años, tal vez toda su vida, sin que
aparezcan síntomas de la enfermedad. Los portadores pueden infectar a
otras personas, aunque esto no ocurre siempre. Sin embargo, ante el
conocimiento de haber contraído el virus es recomendable tomar las
medidas necesarias para prevenir su contagio. El VIH también puede
causar alteraciones leves de la salud, como una inflamación permanente
de los ganglios linfáticos del organismo, llamada linfadenopatía
generalizada persistente. De esta manera, el síndrome de
inmunodeficiencia adquirida consiste en la declaración de una o varias
enfermedades, como consecuencia de una deficiencia inmunitaria originada
por la infección del VIH.
CONTAGIO
El virus del sida se contagia a través del uso de jeringas contaminadas
(drogadictos por vía intravenosa), las transfusiones de sangre, de
productos hemoderivados contaminados, implantación de órganos
infectados, relaciones sexuales, infección prenatal madre-hijo.
Actualmente, la transmisión a través de la sangre y hemoderivados es
bastante difícil, ya que tanto la sangre como el plasma –al igual que
los órganos donados para trasplante– son analizados o tratados de forma
que se elimina cualquier tipo de infección. Además, mediante métodos
estadísticos efectuados, se considera que sólo puede portar el virus uno
de cada 10.000 donantes. Por otra parte, la preparación de los productos
sanguíneos obtenidos por el fraccionamiento del plasma humano,
necesarios para los hemofílicos, neutraliza el VIH. El virus también
puede llegar a la sangre cuando se utilizan agujas, jeringas o
instrumental quirúrgico u odontológico contaminados. No obstante,
existen pruebas de que el riesgo de contagio del personal médico y de
enfermería por pinchazos o cortes accidentales con material contaminado
es muy bajo, ya que hasta la actualidad se han registrado en todo el
mundo una decena de casos en los que era evidente este tipo de contagio.
Puede afirmarse que es aún menor el riesgo de infección por el contacto
con lesiones de la piel o de la superficie de las mucosas, los labios,
la boca, la nariz y los ojos con sangre contaminada. Asimismo, el riesgo
de contagio por compartir objetos domésticos que puedan mancharse de
sangre es aún mucho menor que en los casos anteriores, aunque existen
suficientes razones y costumbres de carácter higiénico general para
evitar compartir cepillos de dientes u hojas de afeitar. Existen otras
situaciones en las cuales se produce algún contacto sanguíneo, como, por
ejemplo, cuando se perfora el lóbulo de la oreja o la nariz para colocar
pendientes, o cuando se realiza un tatuaje, y también cuando se
comparten agujas o jeringas, cosa que suele ocurrir entre los usuarios
de drogas de administración intravenosa. Resulta muy importante asegurar
el uso de material esterilizado en todos estos casos para prevenir el
contagio.
Con respecto a las relaciones sexuales con personas infectadas, cabe
decir que se pueden producir contagios a través del semen, las
secreciones vaginales o el contacto con erosiones o lesiones de la piel
o las mucosas; por ejemplo, esto sucede con mayor facilidad cuando se
producen penetraciones anales u otras prácticas sexuales que impliquen
desgarros o heridas. Con las personas desconocidas conviene siempre
prevenir el riesgo de contagio mediante el uso de preservativos. El otro
mecanismo de contagio es el denominado «de transmisión vertical», que
puede ocurrir, en el caso de embarazo, entre la madre infectada y el
embrión, si el virus atraviesa la placenta. La infección también puede
transmitirse durante el parto. Cabe tener en cuenta que tanto el feto
como el recién nacido son muy vulnerables a contraer infecciones, puesto
que su sistema inmunitario aún no está desarrollado por completo.
Debe considerarse que algunas personas tienen mayor resistencia que
otras ante determinadas infecciones, debido a sus características
genéticas y, de la misma manera, aunque no ha podido demostrarse aún, es
muy probable que algunos organismos sean más susceptibles o tengan una
mayor resistencia genética que otros ante la infección del VIH. En
síntesis, el virus del sida puede contagiarse sólo a través de la
sangre, el esperma y las secreciones vaginales. Ninguna otra secreción
corporal tiene la concentración de virus suficiente como para transmitir
la infección.
CONTINUAR
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