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Los riñones están situados en la región lumbar, a
cada lado de la columna vertebral, y su función consiste en filtrar los
productos de desecho resultantes del metabolismo y excretados por las
células. Los riñones producen y eliminan orina por medio de una
compleja red de filtración. Constan de un sistema de reabsorción que
contiene más de dos millones de unidades filtradoras, llamadas
nefronas. Estas se componen de glomérulos y túbulos renales, que
filtran la sangre y extraen la urea, algunas sales y otros materiales de
desecho disueltos en el plasma, para luego devolver a la sangre el
filtrado purificado. Toda la sangre del organismo pasa a través de los
riñones alrededor de veinte veces por hora, unos 1.200 litros al día,
pero las nefronas sólo filtran una quinta parte del plasma. Las nefronas
son las encargadas de extraer el exceso de agua de la sangre para formar
la orina, y devuelven el agua filtrada al plasma, manteniendo así el
equilibrio hídrico del organismo.
En el cuerpo humano existen hormonas, en especial la
antidiurética, llamada ADH, que controlan la función renal
encargada de regular el contenido de agua existente en el organismo. La
ADH alcanza los túbulos renales a través del torrente circulatorio, y,
después de haber efectuado la filtración, estimula la reabsorción de
agua hacia la sangre. Cuando una persona bebe una cantidad de líquido
insuficiente para compensar el que ha perdido a través de la
transpiración y la respiración, el cerebro estimula la liberación de la
hormona antidiurética para reducir la pérdida de agua mediante la orina.
Si, por el contrario, la sangre se encuentra muy diluida, la hipófisis
reduce la secreción de ADH, lo que origina un gran flujo de orina para
restablecer el equilibrio hídrico. Otra hormona, la aldosterona,
controla el intercambio de sodio por potasio, con lo que ayuda a
controlar la presión arterial y el equilibrio corporal de sales. La
parathormona regula la reabsorción del calcio necesario para huesos
y dientes, así como para numerosos procesos orgánicos. Desde el interior
de cada riñón sale un conducto llamado uréter, que lleva la orina desde
el riñón a la vejiga. La orina se expulsa desde la vejiga al exterior
por un conducto llamado uretra, que desemboca en los meatos urinarios de
cada sexo.
TRASTORNOS RENALES
Los productos de desecho que normalmente se eliminan con la orina
pueden resultar perjudiciales para el organismo si se acumulan en él, y
además proporcionan ciertas condiciones para la vida de algunos
microbios nocivos. Una infección puede alcanzar los riñones a través de
la corriente sanguínea, o puede ascender por el tracto urinario desde la
abertura de la uretra. Cuando los microbios se encuentran en el tracto
urinario se multiplican, y pueden extenderse, impidiendo su normal
funcionamiento y causando su inflamación. Es frecuente la formación de
piedras en uno o en ambos riñones, son los cálculos renales, que
ocasionan un dolor muy intenso, conocido como cólico renal,
cuando pasan por los uréteres. Los riñones también pueden sufrir otro
tipo de inflamación, denominada glomerulonefritis, que afecta a
los glomérulos. Esta enfermedad es padecida sobre todo por los niños y
tiene dos formas, denominadas nefritis y síndrome nefrótico.
También pueden formarse quistes y tumores benignos o malignos en los
riñones.
PIELONEFRITIS
La pielonefritis, a veces llamada pielitis, puede ser
aguda o crónica, y su causa es la infección de los riñones, generalmente
por vía ascendente después de penetrar por el meato uretral. La forma
aguda de la enfermedad es una infección del riñón que se presenta de
modo repentino. La infección y la inflamación resultantes afectan sobre
todo el tejido de soporte en el que están embebidos los pequeños
elementos filtrantes, llamados glomérulos. Esto ocurre, en ocasiones,
cuando los microbios de otras partes del organismo son transportados a
los riñones mediante la corriente sanguínea, o si existe un bloqueo
parcial del flujo normal de orina por un embarazo, un tumor en la
vejiga, cálculos renales o una próstata agrandada. En las mujeres puede
originarse por una higiene insuficiente de la zona genital. Asimismo,
una limpieza inadecuada al defecar puede facilitar que las bacterias
fecales entren por la uretra, lleguen a la vejiga y, desde allí, por los
uréteres, hasta los riñones. La pielonefritis crónica es una dolencia
que lesiona los riñones como consecuencia, al cabo de muchos años, de
repetidas infecciones urinarias que frecuentemente pasaron inadvertidas.
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