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La causa principal de las quemaduras es el fuego,
aunque también pueden producirse por tocar objetos muy calientes, por
escaldadura, es decir, el contacto con líquidos o gases calientes, por
una descarga eléctrica, por contacto con sustancias químicas corrosivas
o por una excesiva exposición a los rayos ultravioleta. La constitución
de la piel de cada persona determina la mayor o menor sensibilidad ante
las quemaduras. Por ejemplo, la piel de los niños y la de los ancianos
es más frágil a las agresiones del calor, sin contar con que la de estos
últimos es la que tarda más tiempo en recuperarse de cualquier tipo de
lesión o alteración.
Las quemaduras se clasifican, desde un punto de vista
clínico, en tres tipos, según la profundidad que alcanzan en la piel:
las de primer grado, que afectan la epidermis, las de segundo grado, que
lesionan también la dermis, y las de tercer grado, que destruyen todo el
grosor de la piel y también su estructura celular. De todas maneras, su
gravedad está en función de la zona del cuerpo y de la superficie
corporal involucradas. Así, las quemaduras de segundo grado que cubren
más del 30% de la superficie corporal y las quemaduras de tercer grado
que afectan el rostro y las extremidades, o más del 10% de la superficie
del cuerpo, son consideradas «críticas» por la gravedad que revisten.
LA PIEL
La piel es un tejido elástico y flexible que tiene varias funciones
importantes, una de las cuales es proporcionar información acerca del
entorno, a través de millones de diminutos terminales nerviosos, que
perciben el tacto, la presión, el calor, el frío y el dolor. Sus
glándulas sebáceas producen una sustancia cérea que mantiene la
superficie de la piel flexible e impermeable, y ayuda a prevenir las
infecciones. Otras glándulas, como las sudoríparas, producen un líquido
acuoso que refrigera la piel cuando el cuerpo está demasiado caliente.
Los pequeños vasos sanguíneos epidérmicos ayudan a regular la
temperatura corporal, dilatándose para así perder calor y contrayéndose
para conservarlo si hace frío. Los folículos pilosos que se encuentran
en la piel son pequeños órganos constituidos por células en constante
actividad de multiplicación por división, y elaboran pelo en forma
continua. También las uñas se originan gracias a la producción constante
de unas células que se encuentran bajo un pliegue dérmico en la base de
cada uña.
La piel se compone de dos capas: una exterior y más
delgada, llamada epidermis, que está formada por células, y otra
interior más gruesa, denominada dermis y formada por grasa, tejido de
sostén y vasos sanguíneos. La dermis contiene los folículos pilosos y
las glándulas sudoríparas. Las células de la base de la epidermis se
dividen de modo constante, generando otras nuevas que tardan alrededor
de dos meses en llegar a la superficie, donde se desprenden; cuando las
células mueren, se eliminan mediante el contacto con las ropas o al
manejar objetos. En realidad, todo movimiento que cause fricción elimina
unas pocas células cutáneas.
QUEMADURAS DE PRIMER GRADO O
SUPERFICIALES
Las quemaduras consideradas menores afectan la epidermis, o sea la
capa más externa de la piel, destruyéndola. En algunos casos también la
dermis puede resultar lesionada en parte, pero los folículos pilosos,
las glándulas sudoríparas y la estructura celular básica se mantienen,
formando la base donde crecerá la nueva piel. Como ejemplo de quemaduras
de primer grado se pueden mencionar las que se producen por una
exposición a los rayos solares o aquellas más ligeras que ocurren en la
cocina. El dolor dura sólo un par de días, y la piel se regenera por
completo en poco tiempo. El tratamiento consiste en aliviar el dolor con
agua fría y cubrir la parte afectada con un paño limpio y seco que le
permita cicatrizar. Nunca se deben aplicar ungüentos o cremas sobre
estas quemaduras.
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