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PULSO: ENFERMEDADES, CAUSAS, SÍNTOMAS Y TRATAMIENTO.
El pulso es la expansión y contracción intermitente, repetida, rítmica y regular de las arterias, que se produce por la onda de presión causada por la impulsión de la sangre desde el corazón.  Es normal en un adulto que el número habitual de latidos por minuto oscile entre 50 y 100. Ciertas variaciones del ritmo constituyen la manifestación de trastornos.

EnfermedadesAl tomar el pulso, con cada latido se aprecia la actividad del corazón, que impulsa la sangre a través de las arterias hacia todo el organismo. La fuerza inicial de cada latido se transmite a lo largo de las paredes de la totalidad del sistema arterial, que se expanden debido a su elasticidad, contrayéndose seguidamente.

PUNTOS DE PALPACIÓN DEL PULSO
El pulso se puede palpar con facilidad en diferentes puntos situados cerca de la superficie del cuerpo. El punto de palpación más habitual es el de la arteria radial de la muñeca, que se percibe en la superficie de ésta. Es conveniente tomar el pulso en este punto con uno o dos dedos (índice y corazón), pero no con el pulgar, ya que como este dedo tiene su propio pulso se puede confundir con el de la persona a la que se está examinando.

Otro punto donde el pulso puede percibirse con claridad es el de la arteria braquial, que se encuentra en la parte interna de la articulación del codo. También se puede utilizar el de la arteria temporal, por delante del pabellón auricular; el de la arteria carótida primitiva, ubicada en el cuello, a dos centímetros y medio debajo del ángulo de la mandíbula, y el de la arteria facial, en el borde inferior de la mandíbula. Del mismo modo, la mayoría de personas pueden encontrar su pulso en las ingles, en la parte posterior de las rodillas, en la parte interna del tobillo y sobre el pie.

INDICACIONES DEL PULSO
Indirectamente, el pulso permite conocer el estado de las arterias. Así, algunas enfermedades como la arteriosclerosis (endurecimiento, pérdida de elasticidad y tendencia a la obstrucción de las arterias) puede detectarse mediante el pulso: si éste es débil, o es difícil de encontrar, puede indicar la presencia de este trastorno. Esto puede comprobarse, por ejemplo, en las piernas, cuyas arterias son las más predispuestas a padecer este tipo de enfermedad.

El pulso también es índice del funcionamiento del corazón, ya que la frecuencia de cada pulsación se corresponde con cada bombeo de éste. Sin embargo, cuando los latidos del corazón son demasiado débiles para transmitirse con fuerza a lo largo de todo el sistema arterial, se establece una diferencia entre la frecuencia cardíaca y el pulso. Cuando una persona llega a experimentar hasta 120 o más pulsaciones por minuto, se considera que padece una taquicardia, que es una respuesta normal tras un ejercicio físico intenso o ante la fiebre, aunque también puede deberse a un defecto del sistema bioeléctrico del corazón.

Una frecuencia lenta, o bradicardia, puede ser normal, en especial entre los atletas, pero si es inferior a los 50 latidos por minuto en una persona que tenía una frecuencia más alta, se convierte en motivo de alarma, sobre todo en los ancianos, ya que puede indicar que existe un bloqueo cardíaco, debido a la interrupción en la conducción de los impulsos bioeléctricos del corazón. También puede ser causada por una hiperactividad del sistema nervioso parasimpático, lo que crea una disminución de la frecuencia cardíaca, que puede dar lugar a un desmayo. Con el examen del pulso puede diagnosticarse incluso enfermedades poco frecuentes, como ocurre cuando el pulso de las piernas se encuentra disminuido en intensidad y retrasado con respecto al de los brazos, lo que puede indicar una rara malformación congénita con bloqueo de la arteria aorta. Es importante observar el ritmo entre la inspiración y la espiración.

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