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La próstata es un órgano propio del sexo masculino,
cuya función consiste en favorecer la actividad de los espermatozoides,
secretando un fluido que se mezcla con el líquido seminal. Las
enfermedades más comunes que afectan la próstata son la prostatitis, la
hipertrofia prostática y el cáncer de próstata.
PROSTATITIS
Se denomina prostatitis la inflamación de la próstata, debida casi
siempre a una infección que, desde el tracto urinario, se extiende hasta
la próstata. Cuando se produce una infección aguda, los síntomas
manifiestos son dolor en la base del pene, escalofríos y fiebre elevada;
si la infección es leve, puede pasar inadvertida y curarse sin
tratamiento o bien convertirse en un proceso crónico. En caso de duda,
es conveniente consultar con el médico, que llevará a cabo una
exploración a través del recto e indicará la realización de un análisis
de orina. El tratamiento consiste en la administración de antibióticos,
pero en algunos casos, la acumulación de pus requiere efectuar un
drenaje, para lo cual es preciso internamiento hospitalario.
HIPERTROFIA PROSTÁTICA
La hipertrofia prostática o próstata agrandada es una afección muy
común, considerada como una causa natural del envejecimiento, y se da en
mayor o menor medida en casi todos los varones de más de 45 años. El
aumento de tamaño de la glándula es debido a la formación de pequeños
nódulos cartilaginosos. Si, además, el tejido que forma la glándula se
vuelve rígido, acaba por constreñir la uretra y dificultar el flujo de
orina contenida en la vejiga. Las consecuencias, que, a la vez,
constituyen los síntomas más evidentes, consisten en una necesidad
frecuente de orinar (que obliga al paciente a levantarse varias veces
por la noche), produciéndose además un chorro de orina limitado e
intermitente y goteo al final de la micción.
COMPLICACIONES
Si bien los músculos de la vejiga tienden a superar el problema
volviéndose más fuertes, por lo general la dolencia se agrava con el
transcurso de los años: la próstata sigue creciendo, la uretra se
estrecha y la vejiga se ve cada vez más constreñida; además, se produce
una dilatación creciente de la vejiga, obligada a albergar una mayor
cantidad de orina. Dado que la vejiga no queda nunca totalmente vacía,
son frecuentes las infecciones causadas por los residuos de orina. La
complicación más grave se produce cuando, de forma repentina, se
interrumpe totalmente la posibilidad de orinar (retención aguda),
afección muy dolorosa y que precisa tratamiento de urgencia.
TRATAMIENTO
En el caso de que la obstrucción del flujo de orina sea considerable,
será necesaria una intervención quirúrgica para restablecerlo, siempre
con internamiento hospitalario, que se prolongará de 5 a 15 días. Para
ello existen dos métodos distintos. Cuando el tamaño de la próstata sea
muy grande, y también cuando sea necesaria una intervención
complementaria (por ejemplo, en la vejiga), el método aplicado es el que
se denomina «prostatectomía», también llamado operación «a cielo
abierto»; para ello se practica una amplia incisión abdominal y se
procede a la resección del tejido prostático que provoca la obstrucción.
El segundo método utilizado es la llamada «resección transuretral»
(RTU), que consiste en introducir por la uretra, a través del pene,
hasta la próstata, un delgado tubo que contiene un visor luminoso y una
cuchilla o un diminuto bisturí eléctrico; de este modo, se efectúa la
resección del tejido sobrante sin necesidad de practicar incisión
quirúrgica alguna, con lo cual el paciente se recupera con mayor
rapidez.
Por lo general, al eliminar el tejido prostático es inevitable cortar un
músculo existente en la base de la vejiga que controla la eyaculación
durante el orgasmo, de manera que, sin la intervención de este músculo,
se produce la llamada «eyaculación retrógrada» y el semen se vierte en
la vejiga en lugar de salir al exterior. En consecuencia, el hombre
operado de próstata pierde su fertilidad, sin embargo, conserva su
capacidad sexual.
CÁNCER DE PRÓSTATA
El cáncer de próstata es muy frecuente en el hombre, especialmente a
partir de los 60 años, aumentando progresivamente a partir de esta edad.
Entre los 80 y los 90 años afecta a un varón de cada dos. Puede tratarse
de forma eficaz si se diagnostica precozmente, si bien es una causa
importante de mortalidad (5% de los varones de más de 55 años de edad).
El cáncer de próstata suele ser de crecimiento lento, por lo que los
problemas obstructivos que puede causar –similares a la hipertrofia
benigna– tardan en producirse, de manera que con frecuencia se
manifiesta antes la metástasis que el tumor prostático primitivo.
Es conveniente que los hombres de más de 45 años se sometan a una
revisión urológica anual, que permitirá diagnosticar precozmente el
cáncer de próstata, mediante un simple tacto rectal, un método de
exploración totalmente inocuo. En cuanto al pronóstico, si el tumor se
trata antes de que se haya extendido, las posibilidades de curación son
muy elevadas. Si se ha diseminado a otras zonas, mediante la combinación
de distintas técnicas de tratamiento se logra controlar el proceso
durante años.
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