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El oído es el órgano de la audición y, además, el del
equilibrio del cuerpo. La parte visible del oído recibe el nombre de
oído externo, que, mediante el pabellón auditivo (oreja), recoge las
ondas sonoras y las transmite al oído medio a través del tímpano.
El oído medio está formado por una cavidad ósea, cuyo interior está
recubierto por una mucosa especial, y contiene tres huesillos (martillo,
yunque y estribo) encargados de transmitir las vibraciones sonoras
recibidas del tímpano. En el oído interno las vibraciones sonoras
son convertidas en impulsos eléctricos que se transmiten al cerebro para
ser percibidos como sonidos. En el oído interno también se encuentran
los órganos del equilibrio.
Como elementos naturales de defensa ante las
infecciones existen membranas de separación entre las tres partes del
oído. En el conducto auditivo externo están también las glándulas
sebáceas y las ceruminosas, que secretan el cerumen, con
finalidad lubricante y protectora. Cualquier infección o inflamación de
una parte del oído puede afectar el proceso de la audición.
OTITIS EXTERNA
La otitis externa es la inflamación de la piel que recubre el oído
externo. Puede ser provocada por una infección bacteriana o vírica
causada, con frecuencia, por un drenaje insuficiente del agua que
penetra durante el baño. También puede presentarse cuando se ha
realizado la higiene del oído con instrumentos inadecuados, provocando
ligeras lesiones en las que el cerumen produce luego una mayor
irritación. Las otitis externas son, casi siempre, procesos leves de
curso agudo, que se resuelven con facilidad mediante la aplicación
tópica de gotas o de pomadas que reducen la inflamación. Cuando el dolor
es agudo y persistente (otalgia) puede ser un síntoma de
infección bacteriana, y el médico probablemente prescribirá la
administración de antibióticos orales, para combatir la infección y
evitar que se propague al oído medio.
OTITIS MEDIA
La otitis media, bastante frecuente en los niños pequeños, es una
infección bacteriana que procede de la zona nasofaríngea y se transmite
al oído por los conductos que enlazan la nariz con el oído medio
(trompas de Eustaquio). Se produce con frecuencia como una complicación
subsiguiente a un resfriado, al sarampión, a la gripe, a una faringitis
o a una amigdalitis. En su forma aguda causa dolor intenso y
alteraciones de la audición, estas últimas debido a la acumulación de
líquido en la cavidad en la que, en condiciones normales, sólo existe
aire. Puede causar supuración y tumefacción ganglionar.
En las otitis en las que existe supuración, la
infección se transmite con facilidad del oído medio al oído interno,
prolongándose durante bastante tiempo y reanudándose la infección cuando
ya parecía casi curada. En estos casos la otitis puede hacerse crónica y
causar esclerosis y sordera permanente.
Tratamiento
Ante la sospecha de una infección de oído medio es conveniente la
consulta al médico especialista, quien prescribirá, probablemente, la
administración de antibióticos para combatir la infección, pues si ésta
se propaga, la supuración purulenta puede causar la perforación del
tímpano. El tratamiento debe proseguir hasta el completo
restablecimiento, pues una otitis mal curada puede dejar secuelas,
extenderse al oído interno o convertirse en una otitis crónica.
OTITIS INTERNA
La otitis interna, también denominada laberintitis, es una
afección poco frecuente, que se presenta sólo como una complicación de
la otitis media, cuando la infección se propaga a la zona más profunda
del oído. Es conveniente un tratamiento inmediato para evitar que se
produzcan daños irreversibles que podrían conllevar como consecuencia
vértigo y sordera.
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