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El organismo de la mujer sufre una serie de cambios
durante el tiempo que dura el ciclo menstrual: en esos aproximadamente
28 días, el endometrio, que es el revestimiento interno del útero, se
prepara para recibir el óvulo que, desprendido del ovario y atravesando
las trompas de Falopio, anida en el útero. Si el óvulo o huevo es
fecundado, no se producirá la menstruación; si no es fecundado, se
eliminará el huevo con el resto de los elementos del revestimiento
uterino, constituyendo el sangrado mensual que se denomina menstruación,
período o regla.
PROCESO CÍCLICO
El ciclo menstrual está controlado por el hipotálamo á través de la
hipófisis anterior, una pequeña glándula que está localizada en la base
del cerebro, la cual secreta varias hormonas, entre ellas, las dos que
son más importantes para la reproducción: los estrógenos y la
progesterona. Los estrógenos, cuya producción aumenta durante el
ciclo, son los encargados de estimular el crecimiento y el mantenimiento
de los órganos genitales en la mujer. La progesterona tiene por
función modificar las secreciones del cuello uterino, a fin de facilitar
el paso del espermatozoide hacia el óvulo para fertilizarlo, y provocar
en las glándulas del revestimiento uterino la secreción de un fluido
acuoso, pero consistente, que alimentará el óvulo fecundado. Si no
se produce fecundación alguna, las células ováricas, que conforman lo
que se denomina el cuerpo lúteo, mueren por no recibir oxígeno de los
vasos sanguíneos de la región, que se ocluyen, y son eliminadas con el
flujo sanguíneo y la mucosa uterina, finalizando el ciclo. La duración
del ciclo es de unos 28 días, aunque puede oscilar entre los 22 y los 30
días en circunstancias normales, sin tomar anticonceptivos.
TRASTORNOS
Flujo sanguíneo
Así como la píldora anticonceptiva suele producir un sangrado menor,
los dispositivos intrauterinos tienen el efecto contrario. Pero el
sangrado muy abundante sin la presencia de ningún dispositivo puede ser
síntoma de una inflamación uterina, de un aumento del epitelio del útero
o de determinadas enfermedades endocrinas, como el hipertiroidismo, por
lo cual se impone la visita al ginecólogo. También es imprescindible
visitarlo cuando se sangra después de tener relaciones sexuales o entre
períodos, pues hay que descartar que la causa sea la debilidad del
cuello uterino o la existencia de pólipos o de tumores.
Tensión premenstrual
La tensión premenstrual que muchas mujeres padecen se debe, por lo
general, a los profundos cambios hormonales que se registran durante el
ciclo. A veces está asociada a la baja producción de progesterona, por
lo cual el tratamiento se basará en la administración de esa hormona. Si
la tensión es fuerte, con signos de irritabilidad, puede aliviarse con
sedantes, pero la mejor medida será encontrar la causa para tratarla y
erradicarla de forma definitiva.
Dismenorrea
El dolor menstrual, conocido como dismenorrea, también es un
trastorno frecuente, del que aún no se ha establecido con certeza su
causa, o causas; se atribuye a espasmos del músculo uterino o a las
prostaglandinas, que son unas sustancias que inhiben el tono muscular
del útero. En el primer caso, un analgésico del tipo del paracetamol y
la bolsa de agua caliente ayudarán a aliviarlo. En el segundo, pueden
tomarse pastillas para bloquear las prostaglandinas y, en consecuencia,
eliminar el dolor. En el pasado se dilataba el cuello uterino pensando
que así se facilitaba la eliminación de sangre, pero el tratamiento ha
demostrado ser ineficaz, por lo cual hoy no se realiza. También existe
la posibilidad, aunque remota por su escasa incidencia, de que el dolor
obedezca a una adenomiosis, es decir, a una proliferación del tejido
adenomatoso en el espesor del endometrio causada, en general, por
disfunciones hormonales.
Amenorrea
La no aparición o la desaparición del período, denominada amenorrea,
es otro de los trastornos que pueden producirse. En el caso de que no se
inicie la menstruación en la pubertad (amenorrea primaria), las causas
más corrientes suelen ser los problemas hormonales, aunque no deben
descartarse ciertas anomalías congénitas, como la malformación, el
desarrollo insuficiente (hipoplasia) e incluso la ausencia de útero, por
lo cual deberá consultarse al médico. Cuando desaparece el período y no
existe un embarazo, el origen suele encontrarse en estados emocionales
alterados, como el estrés, pero también puede obedecer a una dieta
alimentaria demasiado estricta, ya sea por un régimen para adelgazar,
voluntario o compulsivo, como acontece en el caso de la anorexia
nerviosa, en el que la amenorrea es uno de los primeros síntomas de
alerta.
Sangrado excesivo
En el caso de presentarse, es necesario consultar al médico, puesto
que, en primer lugar, puede implicar distintos trastornos, incluso un
aborto, en cuyo caso quizá sea necesario limpiar el útero mediante un
legrado. En segundo término, la menstruación demasiado copiosa puede
conducir a una anemia y, aunque ésta se cura con la administración de
hierro, siempre es mejor investigar la causa para aplicar el tratamiento
apropiado.
CONSULTA MÉDICA
Es conveniente visitar al ginecólogo cuando se presentan las
siguientes circunstancias:
Hipermenorrea o sangrado muy pronunciado y
prolongado.
Hemorragia poscoital.
Hemorragia vaginal entre dos períodos.
Hemorragia vaginal después de la menopausia.
CONTINUAR
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