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La menopausia se produce, en general, entre los 48 y
los 52 años; no obstante, también puede presentarse varios años antes o
después de estos límites. El proceso en sí, que comprende diversos
cambios orgánicos, se prolonga a lo largo de varios años hasta que
culmina en la amenorrea o suspensión de la menstruación, y por tanto, en
la cesación de la capacidad reproductora. En algunas mujeres, la
menopausia se presenta sin alteraciones previas y de forma brusca, es
decir, que tras un último período normal no se produce ningún otro tipo
de sangrado; en la mayoría, sin embargo, viene acompañada de períodos
irregulares, cortos y con escaso sangrado o, por el contrario, más
largos de lo acostumbrado y con sangrado abundante. Este último caso
debe consultarse siempre con el médico.
TRASTORNOS FÍSICOS
El proceso menopáusico suele causar ciertos trastornos que, en
intensidad y grados diversos, padecen la mayoría de las mujeres. El más
notable es el sofoco, una sensación súbita de calor corporal que suele
ir acompañada de enrojecimiento de la piel en algunas zonas; el sofoco
puede ser intermitente o sostenido y, en ocasiones, estar seguido por
una sensación de frío. Otro trastorno habitual consiste en una cierta
atrofia vaginal, ya que al reducirse las secreciones de la pared de la
vagina, ésta pierde humedad y elasticidad; esto puede dar lugar a que se
produzcan irritaciones e infecciones locales, y a que las relaciones
sexuales, concretamente la penetración vaginal, sean incómodas y hasta
es posible que sean dolorosas. El tercero de los trastornos es la
osteoporosis, que tiene relación con la disminución de estrógenos
asociada a la menopausia. La descalcificación de los huesos puede, a su
vez, ser causa de rigidez articular, dolores dorsales y lumbares y, por
supuesto, de un mayor riesgo a producirse fracturas óseas con las caídas
y los golpes fuertes. Aunque éstos son los trastornos relacionados de
forma estricta con la menopausia, es hasta cierto punto frecuente que se
produzcan otros, cuyos vínculos no son tan claros, pero no por ello
menos reales; como la hinchazón de los tobillos, las palpitaciones, los
mareos y los dolores de cabeza.
TRASTORNOS PSÍQUICOS
Aunque ciertas investigaciones apuntan la posibilidad de que la
disminución de estrógenos pueda ser una de las causas de la depresión
que acompaña frecuentemente la menopausia, el hecho no es aún
concluyente. También es probable que el enfrentamiento a ciertos
factores decisivos, como es el final de la fertilidad, y que el temor a
perder atractivo, placer sexual y salud se encuentren en la base de
depresiones, angustia, insomnio, decaimiento general, súbita falta de
interés por el entorno y, también, de irritabilidad y de tensión que
presentan cierto número de mujeres durante esta etapa.
Estos trastornos se registran con mayor intensidad y
frecuencia entre las mujeres con menor preparación académica o con
escasos conocimientos sobre el tema, así como también entre las
pesimistas y de temperamento intranquilo, que tienen más inclinación
natural hacia la depresión y la angustia. Las mujeres que están más
preparadas intelectualmente o mejor informadas, así como las que poseen
un carácter más tranquilo y optimista, son menos propensas a sufrir
trastornos de este tipo. Entre las que pertenecen a esta última
descripción se produce una especie de liberación en cuanto se refiere a
las relaciones sexuales, puesto que pierden el temor al embarazo
indeseado y, en general, no consideran que la nueva condición signifique
un declive. Además, como la menopausia se presenta en edades en que ya
los hijos han abandonado el hogar familiar o se han independizado, la
mujer tiene más tiempo para dedicarlo a su propio bienestar físico y
mental, así como al de su pareja.
TRATAMIENTO
Existen varios tratamientos hormonales destinados a reducir los
trastornos causados por la menopausia, según las características de
éstos. No obstante, desde hace algunas décadas ha ganado aceptación, por
sus resultados, el que se basa en la administración combinada de
estrógenos, por medio de parches extra dérmicos en cuyo interior
contienen un preparado estrogénico, y progesterona, en píldoras de
administración oral.
En los casos en que la osteoporosis es más acusada,
se puede complementar con un régimen alimentario rico en calcio o con
comprimidos de calcio. Cuando los trastornos son de orden psicológico,
la familia puede desempeñar un papel muy importante, brindando a la
afectada todo tipo de apoyo y, sobre todo; no tomando a broma su
condición.
El restarle importancia puede ahondar los
sentimientos adversos de la mujer y hasta ser motivo de que desarrolle
un cierto complejo por creer que se encuentra en condiciones de
inferioridad respecto a las mujeres que siguen teniendo la menstruación.
En este caso son muy valiosas la orientación y las explicaciones que
tanto el ginecólogo como el psicólogo pueden darle acerca de la nueva
situación y de las formas de afrontarla con naturalidad y mayor
optimismo.
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