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Por momentáneos que sean, los mareos causan
desorientación, náuseas y una sensación de pérdida del equilibrio que,
por lo general, suelen estar producidos por giros bruscos de la cabeza,
por la rotación del cuerpo sobre sí mismo durante unos breves momentos y
por los movimientos que se registran en los viajes, ya sean en coche, en
avión, en tren o en barco. En este último medio de transporte, el
pronunciado balanceo que, en ocasiones, lo caracteriza puede ocasionar
mareos incluso entre los marinos más avezados.
SÍNTOMAS
Aunque los síntomas del mareo pueden variar según el origen, intensidad
y duración de éste, los que se manifiestan con mayor frecuencia son un
vago malestar general, palidez, sudoración fría, dolor de cabeza,
inestabilidad, sensación de ansiedad o de depresión psíquicas, náuseas
e, incluso, vómitos. Estos trastornos producen, a su vez, un pulso débil
y acelerado, así como un descenso de la presión arterial, aunque en
algunos casos también puede elevarse. El mareo puede ser el síntoma
previo a un desvanecimiento o pérdida total del conocimiento, o también
el de una enfermedad, como la anemia o determinados trastornos
cardiovasculares.
CAUSAS
Los mareos son, a menudo, el resultado de un descenso momentáneo del
aporte de oxígeno al cerebro. En estos casos suelen atribuirse a
situaciones de hambre, de estrés intenso o de cambio brusco de posición,
por lo general, al ponerse de modo súbito en pie tras estar acostado;
pero también pueden ser consecuencia de influencias externas al
organismo, como sucede en las montañas, con el llamado «mal de altura»,
ya que en este caso la falta del oxígeno necesario para que el organismo
funcione con normalidad proviene en exclusiva del exterior.
Los mareos también pueden ser causados por una alteración de los órganos
o mecanismos que integran el sistema del equilibrio del organismo. Dicho
equilibrio corporal es controlado por el cerebelo, que recibe la
información sobre la posición del cuerpo; tal información es emitida por
los ojos, por los reflejos posturales y por el órgano del equilibrio
—también denominado aparato vestibular— que se hallan en el oído
interno; el aparato vestibular está compuesto por el utrículo y el
sáculo, dos cámaras que detectan la posición de la cabeza respecto de la
gravedad, y tres canales semicirculares que, rellenos de un fluido
especial, detectan los movimientos de la cabeza: cuando el cuerpo se
mueve de manera exagerada, y en particular cuando lo hace de forma
giratoria, también se mueven estos fluidos, pero al detenerse la cabeza
de forma súbita, pueden seguir moviéndose durante unos breves instantes,
lo que constituye una alteración de su ritmo normal. Entre las
consecuencias de las alteraciones más pronunciadas se cuenta el vértigo.
Debe tenerse en cuenta que determinadas enfermedades pueden producir
mareos; entre ellas figuran la cinetosis, enfermedad que comprende los
trastornos ocasionados por el movimiento y que tiene el mareo como su
síntoma más clásico, la anemia y ciertos trastornos cardiovasculares, y
problemas de carácter psíquico, como la ansiedad o el estrés.
TRATAMIENTO
La primera medida para evitar los mareos es, por supuesto, no hacer los
movimientos que pueden causarlos. Ante un mareo ocasional, lo mejor es
poner la cabeza entre las rodillas, de modo que se facilite la llegada
del flujo de sangre al cerebro. En las personas con marcada proclividad
a marearse suelen ser eficaces los fármacos conocidos como depresores
del tono vagal —del nervio vago— y los antihistamínicos. Para las
personas que deban pasar cierto tiempo en algún lugar situado a mucha
mayor altura de lo que estén habituadas, es aconsejable que descansen
durante las primeras 24 horas tras la llegada, y luego que emprendan con
mucha calma y lentitud las actividades. En los casos de anemia o de
alteraciones cardiovasculares, el tratamiento a seguir deberá estar
indicado por el médico, según las características de cada uno.
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