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En los países occidentales, la población consume una
gran cantidad de laxantes que, por lo general, resultan innecesarios
para el buen desarrollo de la evacuación. Además, si se emplean durante
mucho tiempo, tienen efectos secundarios muy perjudiciales, ya que
acarrean la pérdida de la capacidad natural para evacuar. Cabe señalar
que la mejor manera de evitar el estreñimiento es seguir una dieta
alimentaria rica en fibras.
ESTREÑIMIENTO
El comportamiento intestinal no tiene una pauta uniforme, pero si una
persona evacua irregularmente, con poca frecuencia o con dificultad,
puede considerar que padece estreñimiento, aunque debe tener en cuenta
que tanto éste como la diarrea no son enfermedades en sí mismas, sino
síntomas de otros trastornos. Las estadísticas han demostrado que el
estreñimiento y la enfermedad diverticular o diverticulosis están
relacionados con el hecho de que las dietas de la sociedad occidental
tienen un bajo contenido en fibras vegetales. Además, muchas personas,
sobre todo los habitantes de grandes ciudades, han perdido sus reflejos
intestinales naturales debido a que sus ocupaciones, o su ansiedad en
general, les impiden evacuar con regularidad.
El estreñimiento, entre otras causas posibles, puede presentarse por la
habituación a los laxantes; el empleo de ciertos medicamentos, en
particular los que contienen codeína, como los jarabes para la tos; las
hemorroides y las fisuras anales, que llegan a inhibir la actividad
intestinal por miedo al dolor que se produce durante la defecación; e
incluso ciertos trastornos de tipo psicológico, como la depresión o el
estrés. También es común el estreñimiento durante el embarazo, siendo
uno de los numerosos cambios que experimenta el organismo de la mujer
durante este período; hacia el final de la gestación este problema se
agrava, debido a la presión que ejerce la matriz sobre los intestinos.
Si el estreñimiento persiste durante más de dos semanas, es necesario
recurrir a un médico, pero en ningún caso se deben administrar laxantes
sin consulta previa.
TIPOS
Algunos laxantes actúan incrementando el volumen y proporción de agua
del contenido intestinal, mediante el aporte de fibra. Constituyen los
denominados laxantes por aumento de volumen, o
voluminosos, como ejemplo de los cuales se puede mencionar el salvado.
Estos laxantes se comercializan en forma de tabletas o gránulos, aunque
también pueden consumirse los propios cereales dentro de la dieta
cotidiana, y ofrecen la solución más inocua y natural.
El segundo grupo de laxantes, que no aumentan el
volumen, comprende tres tipos diferentes de medicamentos, que actúan de
distintas maneras y sólo deben administrarse bajo prescripción médica,
debido a los efectos secundarios que ocasionan.
El primer tipo está constituido por los laxantes estimulantes,
que comprenden ciertas sustancias vegetales como el áloe o los aceites
de castor y de crotón, que actúan por estimulación de la mucosa
intestinal, o bien sobre los nervios de la pared intestinal, aumentando
la potencia y la frecuencia de los movimientos peristálticos, que son
las contracciones musculares rítmicas producidas por las paredes
intestinales que movilizan los restos de alimentos hacia el recto.
Otro tipo lo forman los laxantes osmóticos,
que actúan reteniendo líquidos en el interior del intestino para
ablandar las heces; entre éstos se encuentran el fosfato y el sulfato
sódicos, varias sales de magnesio, como el sulfato y el hidróxido
magnésicos, diversas aguas minerales y la lactosa. Este tipo de laxantes
se utiliza con el objeto de conseguir una rápida y completa evacuación
del intestino, ya que en tres o cuatro horas induce a efectuar una
deposición semilíquida.
Por último, existen los laxantes
reblandecedores de las heces, como la parafina, que suavizan y
ablandan los bolos fecales, facilitando de esta forma su paso por el
intestino y su posterior expulsión. Se administran por vía rectal.
EFECTOS SECUNDARIOS
Los laxantes que estimulan el colon actúan directamente sobre las fibras
nerviosas de esta parte del intestino grueso, por lo que, si se ingieren
durante muchos años, acaban alterando sus funciones de forma permanente
e irreversible. Por ello, aquellas personas que toman a diario laxantes
estimulantes terminarán sufriendo estreñimiento, ya que su colon es
incapaz de producir por sí mismo las contracciones musculares, y por lo
tanto no facilita el tránsito de las heces. Esta situación suele ser
irreversible, ya que el intestino se encuentra fatigado, y tampoco
surten efecto los demás tipos de laxantes, que, antes al contrario,
terminan agravando el estado del sistema digestivo. En algunos casos,
los laxantes de tipo osmótico pueden ayudar, aunque deben utilizarse con
precaución en los pacientes ancianos. Las sales de magnesio pueden
alterar el equilibrio hidro-electrolítico de los pacientes con
enfermedades renales, y también el de las personas de edad avanzada. Los
laxantes lubrificantes pueden producir irritaciones anales, aparte de
que la parafina puede interferir la absorción de las vitaminas
contenidas en los alimentos. El consumo de salvado puede causar
flatulencias o gases, pero tienden a desaparecer al cabo de cierto
tiempo.
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