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HERPES ZOSTER
El herpes zoster es una afección aguda producida por el virus de la
varicela-zoster (Herpesvirus varicellae), que es el mismo virus
que causa la varicela. Se desconoce con exactitud cómo se activa el
virus, pero se cree que en el curso de la varicela, durante la niñez, el
virus puede llegar hasta la raíz de un nervio raquídeo, quedando allí
acantonado y latente a lo largo de muchos años, hasta que se reactiva
por una situación de estrés emocional, esfuerzo físico o, más
probablemente, una disminución de la capacidad inmunitaria. Por esta
razón, es difícil conocer el período de incubación de la enfermedad.
Cuando se reactivan, los virus se multiplican,
provocando erupciones en la piel, vesiculares y muy dolorosas, que
siguen el trayecto de un nervio craneal o espinal. Es característica la
presentación de las vesículas en forma arrosariada, partiendo del centro
de la espalda y siguiendo un trayecto lateral y hacia delante, hasta la
línea media del tórax o el abdomen.
Síntomas
El primer síntoma del herpes zoster es el dolor, que puede ser
constante o intermitente, superficial o profundo, localizado donde pocos
días después se producirá la erupción. La enfermedad puede afectar casi
cualquier parte del cuerpo, pero por lo general se presenta de forma
unilateral, lo que significa que involucra a uno de los costados del
tronco. Las áreas afectadas de forma habitual son el tórax y la parte
superior del abdomen, mientras que la parte inferior del abdomen, los
miembros, el cuello y la cara no suelen quedar afectados.
El dolor precede a la erupción, y no desaparece con
ella, sino que persiste durante varias semanas después de la
desaparición de las vesículas; otros síntomas iniciales pueden ser los
trastornos gastrointestinales, la fiebre, la cefalea y el malestar
general. Aunque las lesiones pueden aparecer en pocas horas, por lo
general se desarrollan de manera gradual a lo largo de varios días. Al
principio aparecen unas pápulas rojas, que se distribuyen a lo largo del
trayecto nervioso afectado; estas pápulas se convierten en vesículas que
pueden unirse y formar un área compacta, y a los tres días se oscurecen
y comienzan a secarse, formando costras una vez transcurrida la primera
semana. Después de este proceso, por lo general, la erupción desaparece,
quedando una piel normal, aunque a veces deja cicatrices menores y
despigmentación de la piel.
Complicaciones
El mayor peligro de esta enfermedad es el desarrollo de la neuralgia
posthérpica, lo que significa que el dolor persiste aun cuando haya
desaparecido la erupción. Esto es más frecuente si afecta el nervio
trigémino en su trayecto por la cara, lo que puede derivar en alguna
lesión dolorosa, e incluso peligrosa, para la córnea.
Tratamiento
Hasta el momento no se conoce ningún tratamiento efectivo contra
esta dolencia. El médico puede prescribir la aplicación de calamina
calmante o de algún preparado antivírico encima de la erupción, y
también algún analgésico, como la aspirina, para aliviar el dolor. Puede
también aplicarse compresas frías en las zonas de la piel que están
afectadas. En los casos de neuralgia posthérpica se recomienda el empleo
de corticosteroides tópicos, es decir, de aplicación local. Por lo
general, la enfermedad no deja lesiones permanentes ni a largo plazo.
DESARROLLO DEL HERPES ZOSTER
Por lo general, el virus herpes zoster se desplaza desde la columna
vertebral hacia los nervios sensitivos, que emergen de la médula espinal
a través de canales localizados entre las vértebras. Cada nervio
sensitivo inerva una banda de piel de un solo lado del cuerpo; esto se
conoce con el nombre de dermatoma. Los dermatomas se
extienden alrededor del cuerpo, siguiendo un desplazamiento horizontal,
desde la espalda hacia delante. Por lo general, el herpes zoster afecta
un solo dermatoma, en un solo lado del cuerpo, aunque en ocasiones se
presenta en los dos lados. Carece de fundamento la creencia popular de
que una persona puede estar en riesgo de morir si las áreas afectadas,
en lados opuestos del cuerpo, llegan a unirse.
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