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TRATAMIENTO DE LA
HEPATITIS A Y B
La mayor parte de los enfermos de ambos tipos de hepatitis se recuperan
por completo. Sin embargo, en algunos casos el período de recuperación
se prolonga durante varias semanas o meses, y pueden repetirse los
síntomas hasta un año después del ataque inicial. Es importante que el
enfermo descanse, o guarde cama, mientras se sienta débil y cansado,
pues ello le ayudará a recuperarse. Hasta hace unos años, durante el
curso de la enfermedad, se aconsejaba seguir una dieta rica en líquidos,
proteínas y calorías, pero pobre en lípidos, evitando los fritos, las
grasas, sobre todo las animales, los condimentos y, en general, las
comidas abundantes, pero en la actualidad no se considera que esto
produzca ninguna mejoría en el curso del proceso, por lo que puede
seguirse con la dieta habitual. Puede ser beneficiosa la administración
de vitaminas de los grupos B12, K y C.
Es fundamental no ingerir bebidas alcohólicas, por lo menos durante seis
meses, pues pueden prolongar la enfermedad o hacer que vuelva a
aparecer. Para prevenir los contagios es recomendable apartar los
platos, cubiertos, toallas y efectos de higiene personal del enfermo de
los del resto de habitantes de la casa. Si es posible, el enfermo debe
utilizar un lavabo y un retrete independientes y desinfectados. Si se
han de compartir las instalaciones sanitarias, éstas se deben mantener
asépticas de modo permanente. No se conocen tratamientos específicos a
base de fármacos contra la hepatitis, por cuanto los antibióticos no son
eficaces contra las infecciones víricas. No obstante, pueden
administrarse sedantes, analgésicos antieméticos y esteroides, si bien
es necesario comprobar que el hígado pueda metabolizar dichas sustancias
farmacológicas.
Para prevenir la enfermedad, y aumentar las defensas orgánicas por un
período de seis meses, se puede administrar una inyección de
gammaglobulina específica. Esto es recomendable para las personas que
hayan de acompañar a los enfermos, o que se propongan viajar a lugares
del mundo donde la enfermedad sea endémica.
HEPATITIS CRÓNICA
La hepatitis crónica es una enfermedad cada vez más común, en la que la
inflamación del hígado dura muchos años o toda la vida. Se trata de una
enfermedad grave y peligrosa, porque disminuye de forma gradual la
función hepática a lo largo de los años e implica el riesgo de contraer
cirrosis. Se cree que es el resultado de una reacción autoinmune, según
la cual el organismo produce anticuerpos contra sus propios tejidos.
Puede ser consecuencia de una hepatitis B o C, de una colitis ulcerosa o
de la enfermedad de Crohn. En raras ocasiones puede estar causada por
dosis excesivas de algunas sustancias, como las bebidas alcohólicas o el
paracetamol. Los tratamientos utilizados incluyen la recomendación de
evitar, de manera definitiva, las bebidas alcohólicas y todas las
sustancias que pueden inflamar el hígado, así como el paracetamol.
CIRROSIS HEPÁTICA
La cirrosis es el deterioro lento del hígado, provocado por un desgaste
gradual de sus tejidos. Esta enfermedad puede ser causada por el
alcoholismo, la mala nutrición, la hepatitis B o la C, la insuficiencia
cardíaca congestiva o la cirrosis biliar, entre otras dolencias, aunque
en no pocos casos se desconoce la causa que la provoca.
DIAGNÓSTICO DE LA HEPATITIS
En ocasiones resulta difícil establecer cuál es el tipo de virus que
causa la hepatitis. En EE. UU., más del 90% de los casos de hepatitis
que se declaran después de una transfusión de sangre están causados por
el nuevo virus denominado C. Este tipo de hepatitis, transmitida por la
sangre, suele dar lugar a más casos de cronicidad que la hepatitis B.
Análisis de sangre. Dicho análisis sirve para identificar el virus
causante. La medida del tiempo de coagulación de la sangre puede indicar
si existe una lesión hepática grave, ya que una de las vitaminas
esenciales para la coagulación sanguínea, la vitamina K, se produce en
el hígado. Si éste presenta algún trastorno, la sangre no se coagula de
forma adecuada.
Biopsia hepática. Esta prueba se realiza cuando el diagnóstico es
dudoso. No implica riesgos y no resulta dolorosa, ya que se realiza con
anestesia local. Para efectuarla se obtiene un pequeño fragmento
hepático para su posterior análisis.
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