Logo 1 Canal MedicinaLogo 2 Canal Medicina
FIEBRE: ENFERMEDADES, CAUSAS, SÍNTOMAS Y TRATAMIENTO.
Se conoce como fiebre el aumento de la temperatura corporal por encima de 37 °C, que manifiesta la reacción del organismo ante el desarrollo de algún proceso patológico, como una infección vírica o bacteriana, una enfermedad no infecciosa o una inflamación. Suele producirse de forma más exagerada y alarmante en los niños que en los adultos.

EnfermedadesLa medición de la temperatura corporal es una práctica rutinaria que nació en 1851, cuando Wunderlich utilizó un termómetro clínico por primera vez en la historia. Hasta entonces, y durante siglos, aunque se sabía que la fiebre era un síntoma de enfermedad, la temperatura se tomaba, de forma exclusiva, por tacto.

Es rarísimo encontrar a alguien que no la haya padecido jamás, ya que, en mayor o menor grado y frecuencia, casi todas las personas han tenido fiebre alguna vez. A veces, la causa de la fiebre es evidente, como en el caso de los resfriados, las anginas o las bronquitis; sin embargo, en otros, puede ser el primer síntoma de una afección no declarada todavía. Cuando se tiene fiebre, lo más aconsejable es descansar, beber abundante líquido y tomar algún antipirético, para mantener la temperatura corporal dentro de unos límites controlables. Si no se sabe a qué puede obedecer, o si no cede con esas medidas, debe consultarse al médico.

TEMPERATURAS NORMALES
La temperatura normal del cuerpo está establecida en torno a los 37 °C, pero puede registrar unas décimas más o menos, sin apartarse de la normalidad, es decir, sin que implique un estado febril. El sistema termorregulador, al igual que otros sistemas corporales automáticos, está controlado por un centro localizado en el hipotálamo, que es una parte del cerebro. Cuando la temperatura corporal se eleva, el sistema se activa, envía más riego sanguíneo hacia la piel y se produce sudoración para perder parte de ese exceso de temperatura; en el caso contrario, es decir, cuando disminuye, insta al cuerpo a producir calor activando los músculos que queman glucosa. Las fluctuaciones de un grado de la temperatura corporal son normales durante el día, registrándose el valor más alto hacia media tarde y el más bajo alrededor de las cuatro de la madrugada; estos cambios de temperatura no van nunca acompañados de los síntomas que caracterizan los cuadros febriles, puesto que no son nunca indicativos de un proceso patológico subyacente.

TEMPERATURAS FEBRILES
Aunque existen criterios dispares al respecto, en general se considera que una persona tiene fiebre cuando la temperatura corporal supera los 37,5 °C, ya sea de forma continuada o con oscilaciones de décimas, o de grados, que pueden llegar a constituir los denominados «picos de fiebre». Por lo general, los cuadros febriles están acompañados de una serie de síntomas, entre los que destacan la taquicardia, el malestar general, los escalofríos, el brillo de los ojos, el hipermetabolismo y la postración. Cuando la temperatura de un adulto supera los 41 °C, éste puede sufrir convulsiones; en los niños de hasta unos cinco años, más proclives a los aumentos bruscos de la temperatura, las convulsiones pueden producirse con temperaturas por encima de los 40 °C; aunque es muy raro que la temperatura corporal supere los 42 °C, el mayor peligro en estos casos está en que provoque algún trastorno cerebral.

En ambos casos hay cierto grado de riesgo, por lo cual se debe tratar de disminuir la temperatura, ya sea con la administración de fármacos antitérmicos, como la aspirina o el paracetamol, o frotando el cuerpo con una esponja embebida en agua apenas tibia; de ser necesario, también pueden utilizarse bolsas de hielo, o incluso sumergir al paciente en una bañera llena de agua fría. Lo esencial es hacer bajar la temperatura con la mayor rapidez posible hasta que se encuentre dentro de los límites controlables. Dado que los niños pueden registrar fiebres altas, a causa de infecciones de escasa importancia, el diagnóstico debe basarse más en los síntomas que la acompañan, como la pérdida de apetito, los vómitos y el letargo.

Además de las infecciones víricas corrientes, como la gripe, la amigdalitis, la faringitis y el resfriado, que no respetan edades, suelen ser origen de fiebre en los niños algunas enfermedades típicas infantiles, como el sarampión, la rubéola y demás enfermedades eruptivas, la tos ferina y la parotiditis (paperas). Las infecciones causadas por bacterias también suelen ir acompañadas de fiebre, aunque, a diferencia de las víricas, se pueden tratar con antibióticos. En las regiones con climas templados la fiebre es producida, con frecuencia, por infecciones intestinales bacterianas, en el tracto urinario y en las vías respiratorias, así como también por otras que revisten mayor gravedad, como pueden ser la tuberculosis, los abscesos purulentos y la fiebre tifoidea. En los climas tropicales se registran estados febriles como consecuencia de ciertas enfermedades, como el paludismo (malaria), causado por un protozoo, un parásito algo mayor que las bacterias.

Conviene señalar que también hay fiebres que no proceden, de forma necesaria, de cuadros infecciosos, como las que pueden registrarse en algunas enfermedades neoplásicas, o las causadas por trastornos inmunológicos, traumatismos, procesos inflamatorios, hemopatías y hemorragias internas, ya sean éstas consecuencia de ciertos males o de simples traumatismos.

CAUSAS
El mecanismo íntimo de la fiebre es la acción de sustancias denominadas pirógenas, que afectan los mecanismos termorreguladores del hipotálamo. Pese a que antes se atribuía esta alteración de los termorreguladores a productos de destrucción hística, es decir, destructores de tejidos de los organismos, hoy se acepta que, en el caso de las enfermedades infecciosas, las sustancias pirógenas que se liberan son de índole bacteriana o leucocitaria, mientras que en las no infecciosas son endógenas o hísticas.

CLASIFICACIÓN DE LA FIEBRE
Subfebril: De 37,5 a 38 °C.
Ligera: De 38 a 38,5 °C.
Moderada: De 38,5 a 39,5 °C.
Elevada: De 39,5 °C en adelante.
Continua: Si no varía durante 24 horas o varios días.
Remitente: Si la diferencia entre la máxima y la mínima diaria es superior a 1 °C, pero nunca normal.
Intermitente: Si las máximas son hipertérmicas y las mínimas normales, o hipotérmicas, como en el paludismo.
Recurrente: Si se alternan períodos febriles con otros apiréticos.
Ondulante: Si asciende día a día hasta alcanzar un máximo, y luego desciende de una forma paulatina.

 CONTINUAR
 

 (C) 2011 RAFAEL ÁLVAREZ, VALENCIA, ESPAÑA - POLÍTICA DE PRIVACIDAD, CONDICIONES DE ACCESO Y COPYRIGHT