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ESTERILIDAD: ENFERMEDADES, CAUSAS, SÍNTOMAS Y TRATAMIENTO.
Las posibilidades de que las parejas con problemas de esterilidad puedan tener un hijo han aumentado actualmente gracias a los adelantos científicos y a los desarrollos de distintas técnicas y tratamientos con resultados eficaces.

EnfermedadesSe considera que una pareja tiene un problema de esterilidad cuando, tras dos o más años de tener relaciones sexuales sin utilizar ningún tipo de método anticonceptivo, no puede concebir un hijo. Hoy se sabe que las causas de la esterilidad son numerosas, así como también que esta condición, atribuible de forma exclusiva a la mujer hasta hace poco tiempo, puede encontrarse tanto en la mujer como en el hombre. Por ello es esencial que, cuando la pareja decida buscar una solución médica a su problema, acudan ambos a la consulta.

CAUSAS
Dentro de las múltiples causas a las que puede atribuirse la esterilidad sobresalen algunas por ser las más frecuentes. Entre las que afectan a la mujer se cuenta la falta de ovulación, que por lo general obedece a un desequilibrio hormonal. Es frecuente que este desequilibrio produzca, en la vagina, un moco que rechaza el esperma del hombre, así como también lo es que obstruya el paso del óvulo fertilizado hacia el útero, impidiendo que se implante en él. Otra causa bastante corriente se encuentra en la propia constitución física de la mujer, y en este apartado se cuentan las malformaciones en uno o varios de los órganos del aparato reproductor; las secuelas de determinadas enfermedades infecciosas, como la tuberculosis y la gonococia, que dan origen a una impermeabilidad de las trompas que impide el paso del óvulo desde el ovario hasta la matriz, y la existencia de quistes, fibromas o pólipos. Asimismo, es frecuente que la esterilidad femenina esté relacionada con ciertos problemas psicológicos, como el estrés o el temor al embarazo, que pueden causar trastornos que lleguen a impedir la ovulación o a afectar las trompas de Falopio, produciendo espasmos que dificultan la concepción.

En cuanto a las causas de esterilidad más corrientes atribuibles al hombre, destacan las relacionadas con el semen. Así, ocurre que el hombre no puede fertilizar el óvulo femenino porque su producción de esperma es nula o baja, con un número de espermatozoides por debajo del mínimo que se considera necesario para producir la fertilización; también puede suceder que el número de espermatozoides sea normal o alto, pero con una movilidad escasa, por lo que no pueden avanzar de forma adecuada para fertilizar el óvulo, o, incluso, que tengan una malformación que les impida la fecundación. Otra de las causas puede ser el bloqueo de alguno de los conductos por los que transita el semen, que suele estar producido por una inflamación crónica de la glándula prostática, por una enfermedad venérea que no ha sido tratada o por un varicocele, nombre qué recibe la dilatación varicosa de las venas espermáticas del escroto.

En lo que respecta al campo de la genética, y gracias a la investigación constante, se conoce ya, como causa de esterilidad atribuible a factores de este tipo, la alteración de una proteína celular que provoca la muerte de los espermatozoides, aunque su incidencia es muy baja. Además, en un reciente estudio, se ha establecido una estrecha relación entre los hombres no fértiles y un posible defecto genético de carácter hereditario, a pesar de que su localización y sus características aún no se han descubierto.

Aunque el hecho no está confirmado por completo, se ha comprobado que la proporción de hermanos de varones no fértiles que han acudido a la consulta por problemas de esterilidad es muy superior a la de los no fértiles con hermanos que tienen hijos, lo que apuntaría a un componente familiar hereditario. Abundando en esta idea, y mediante análisis, se ha comprobado que las características anómalas del semen de los hermanos no fértiles se asemejan y, a su vez, difieren con mucho de las de otros varones no fértiles. Si llega a verificarse el origen genético, se estará en condiciones de lograr un gran avance en lo que se refiere a las causas de la esterilidad masculina. Dentro de otras causas atribuibles al hombre, figuran las que, por su naturaleza, se circunscriben al campo psicológico, como la impotencia y la eyaculación precoz, así como el alcoholismo y, al igual que en la mujer, el estrés.

PRUEBAS
Las probabilidades de que la esterilidad radique en la mujer o en el hombre son de alrededor del 50%, y en un 30% de los casos obedece a una combinación de factores propios de la pareja; ello aconseja que ambos se sometan a una revisión médica, a fin de llegar a un diagnóstico de las causas de la esterilidad. Dicha revisión, que puede durar varios meses, se realizará a cada uno de los integrantes de la pareja. En primer lugar, se suelen practicar exámenes físicos generales y elaborar las correspondientes historias clínicas, con datos referentes a sus enfermedades, ciclos menstruales y hábitos sociales y sexuales, tanto pasados como presentes.

Debido a que las pruebas masculinas son más sencillas, se suele comenzar por analizar el semen del hombre, efectuando un seminograma a fin de conocer el número de espermatozoides, su movilidad y su forma, pues se considera que cualquiera de estos factores puede ser causa de esterilidad si el recuento arroja cifras inferiores a 20 millones de espermatozoides por centímetro cúbico de semen, o si más del 40% de ellos son inactivos o tienen formas anormales.

Si las pruebas practicadas al hombre tienen resultados satisfactorios, se proseguirán las pruebas en la mujer. En general, la primera que suele practicarse está destinada a comprobar si existe ovulación. Para ello existen varios tipos de pruebas, pero las que se utilizan con mayor frecuencia son las que se describen a continuación.

La primera consiste en trazar un gráfico de la temperatura basal, que corresponde a la del cuerpo en reposo, en el que la mujer anotará todas las mañanas, y durante varios meses, la temperatura tomada antes de levantarse y antes de ingerir ningún alimento. La ovulación estará indicada por un aumento de la temperatura en torno a 0,5 °C, que se produce por lo general durante los días 12 y 15 del ciclo menstrual, y entre dos períodos menstruales.

La otra prueba se realiza mediante un análisis de sangre, hecho unos seis días antes del período menstrual, en el que se comprueba el nivel de progesterona, hormona cuyo nivel debe elevarse de modo inmediato después de la ovulación.

Una vez comprobada la correcta ovulación de la mujer, es durante los pocos días en que la temperatura basal es algo más elevada, o en que el nivel de progesterona es más alto, cuando la pareja debe intentar la fertilización del óvulo.

Para comprobar si la esterilidad obedece a anomalías en el cérvix o en el moco del canal cervical, se toma una muestra de dicho moco tras el coito y se verifica el estado de los espermatozoides. El resultado será normal si el moco es claro y los espermatozoides se encuentran aún en movimiento. Esta prueba se denomina examen poscoital.

Una de las causas más habituales de esterilidad es el bloqueo de las trompas de Falopio. Para comprobar si existe dicho bloqueo, se introduce en ellas, y en el útero, un gas, cuya presión indicará si están bloqueadas o no. Este procedimiento, que puede hacerse bajo anestesia general o sin ella, se conoce como la prueba de Rubin.

También, y con el mismo fin, puede realizarse un examen radiológico del útero y de las trompas, previa introducción de un contraste radioopaco. Este procedimiento, que suele realizarse dentro de los diez primeros días del ciclo menstrual, no requiere anestesia, y se denomina histerosalpingografía.

Si los resultados de los métodos anteriores no permitieran un diagnóstico claro, se emplearía una prueba de mayor exactitud para comprobar el estado del útero, las trompas de Falopio y los ovarios; dicha prueba se conoce como laparoscopia, y se realiza bajo anestesia general. Consiste en introducir un gas a través de la pared abdominal, para dilatar dicha cavidad y a continuación se introduce el laparoscopio, que es un instrumento óptico por el cual el médico puede observar los órganos interesados.

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