|
|
|
A pesar de que las encías pueden enfermar por causas
ajenas a la higiene bucal, como es el caso de la diabetes y de la
leucemia, las afecciones de las encías son debidas, en su mayor parte, a
infecciones inducidas o producidas por la placa dental o bacteriana.
Esto es fácil de observar en las personas cuyos dientes son irregulares
o están superpuestos, porque cuentan con más rincones de difícil acceso
para poder limpiarlos de forma correcta. Dado que las encías recubren la
parte inferior de la estructura de los dientes, cuando la infección no
se trata a tiempo, es decir, cuando todavía se encuentra en la
superficie visible, invade el interior del diente, dañando primero los
ligamentos periodontales, que son los que ayudan a sostener las piezas y
actúan como amortiguadores durante la masticación; más adelante, y a
través de dichos ligamentos, el mal ataca el hueso alveolar, donde se
fijan las raíces de los dientes, y las destruyen de forma progresiva, de
modo que, a lo largo de los años, los dientes van perdiendo sujeción
hasta el punto de desprenderse o de hacer inevitable su extracción,
aunque se encuentren en perfecto estado.
Las encías sanas se caracterizan por su color rosado y la firmeza de su
tejido que, sin fisuras, rodea los dientes de forma muy ajustada, a la
altura del esmalte. Cuando las encías enferman suelen tornarse rojizas y
se inflaman, sangran con facilidad o supuran pus, y causan dolor. Es
entonces cuando la visita al dentista se hace inevitable. Las dos
enfermedades que se describen a continuación, por ser las más
corrientes, pueden hacerse crónicas si no se les da el tratamiento
adecuado cuando se manifiestan. No tratarlas a tiempo implica tener en
la boca una infección permanente, cuyo resultado irremediable será la
pérdida de las piezas dentales y, si se difunde por el organismo, de
posibles enfermedades adicionales.
GINGIVITIS
Los síntomas señalados con anterioridad son, con excepción de la
supuración de pus, los que corresponden a la gingivitis, una afección de
las encías que puede obedecer tanto a causas internas como externas.
Entre las causas externas se cuentan la placa bacteriana, la irritación
por restos de alimentos situados entre los dientes y las prótesis
dentales mal colocadas. En estos casos, el tratamiento consiste en
eliminar la placa o los restos alimentarios y en adaptar la prótesis
para que ajuste bien. Como complemento, deben aplicarse sobre las encías
pinceladas de líquidos antisépticos, y limpiarse la boca de forma
adecuada y con asiduidad.
Entre las causas de origen interno destacan las enfermedades
toxicoinfecciosas, como la escarlatina y el tifus, las carencias graves
de vitaminas, la diabetes y las alteraciones endocrinas que suelen
registrarse en los estados de gravidez y de menopausia. El tratamiento
se centrará entonces en curar o en tratar la enfermedad, o la causa por
la que la gingivitis ha aparecido como un efecto secundario. Cuando la
gingivitis no es tratada en su fase incipiente por un profesional, antes
de invadir el interior del diente y agravar la situación, pueden
retraerse las encías y formarse abscesos en el tejido enfermo, causa
segura de trastornos y de dolores posteriores.
PIORREA ALVEOLAR
Cuando a los síntomas de la gingivitis se suma la supuración de pus, se
trata de una piorrea alveolar. Esta enfermedad compromete la estabilidad
de los dientes, porque ataca de forma directa el ligamento alveolar.
Aunque de naturaleza infecciosa, el desarrollo de la piorrea alveolar se
ve favorecido por la falta de higiene bucal. Se registra con más
frecuencia entre los ancianos, y con mayor incidencia aún entre la
población que padece avitaminosis o diabetes. Esta enfermedad, además de
propiciar la caída de los dientes, encierra el peligro de que los
bacilos y sus toxinas puedan alcanzar otras zonas del cuerpo, donde
existen posibilidades de que produzcan diversos trastornos, como una
nefritis, o una endocarditis, entre otros. Esta suma de riesgos directos
e inducidos obliga a ponerse cuanto antes en manos del odontólogo.
Además de la higiene bucal y de la eliminación de la placa bacteriana,
en esta enfermedad hay que desinfectar la parte afectada de manera local
pero drástica y, si presentara bolsas purulentas, deberán ser extirpadas
lo antes posible mediante cirugía.
PROFILAXIS
La forma más sencilla y eficaz de prevenir las enfermedades de las
encías sigue siendo una higiene adecuada de la boca, repetida después de
cada comida, y la visita al dentista cada seis meses. Puesto que la
placa tiende a adherirse entre la parte superior de la encía y la
inferior de los dientes, para desprenderla es necesario el cepillado
vertical por toda la boca durante tres o cuatro minutos. También
contribuye a eliminar la placa el uso de un palillo en los lugares de
difícil acceso para el cepillo o, aún mejor, de hilo dental no encerado.
Teniendo en cuenta que las encías son frágiles, si el cepillado se hace
de forma incorrecta o con un cepillo de cerdas muy fuertes es probable
que se produzcan desgarros, que, a su vez, constituyen un campo ideal
para el desarrollo de infecciones; de ahí la necesidad de hacerlo de
modo correcto, con la asiduidad necesaria, y con un cepillo de dientes y
un dentífrico que sean apropiados.
CONTINUAR
|
|