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La drogadicción es un trastorno caracterizado por un
deseo incontrolable de consumir una determinada sustancia, ya sea legal
o no, a la cual una persona se ha acostumbrado tras un uso reiterado.
Por lo general, se busca obtener un efecto gratificante, que puede ser
la alteración de la actividad mental, de las actitudes o del grado de
percepción.
ADICCIÓN
El término adicción se aplica especialmente a la dependencia psíquica, y
algunas veces física, de determinadas drogas. Si bien cualquier
sustancia puede provocar una adicción, hay drogas que producen una
dependencia física, que se manifiesta ante su falta; entre las más
consumidas se hallan los barbitúricos, las bebidas alcohólicas, los
opiáceos y todos sus derivados (morfina, codeína y heroína), y las
anfetaminas.
Los peligros que encierra la drogadicción y el tratamiento que debe
seguirse dependen, en cada caso, del grado de dependencia adquirido por
el individuo y de la sustancia consumida. Puede ser necesario recurrir
al médico o a los centros especializados, ya que ciertas drogas deben
abandonarse de un modo gradual, en función del tiempo durante el cual se
hayan consumido y de la gravedad de los síntomas ocasionados por el
síndrome de abstinencia, ya que existen casos en que provoca más daño en
el organismo el hecho de soportar ciertas abstinencias que el propio
mantenimiento del hábito, como en el caso de los alcohólicos, que cuando
suspenden de un modo brusco el consumo de alcohol se exponen a sufrir
delirium tremens; o el caso de los adictos al tabaco, a las anfetaminas,
al opio o a sus derivados, cuyos síndromes de abstinencia castigan de
forma notoria al organismo. Cuando el paciente está convencido y lo
desea, todos los hábitos se pueden abandonar; sin embargo, para evitar
el síndrome de abstinencia en un consumidor empedernido, el
procedimiento adecuado consiste en una disminución gradual de las dosis.
TOLERANCIA
Se denomina tolerancia, en el aspecto toxicológico, a la capacidad del
organismo para acostumbrarse a la administración de determinadas
sustancias. Cuando el organismo se habitúa a una droga, disminuye la
intensidad de los efectos deseados y resulta cada vez menos tóxica, y se
deben consumir mayores cantidades para lograr el mismo efecto inicial,
es decir, el organismo ha desarrollado tolerancia; ahora bien, se corre
el riesgo de contraer una intoxicación crónica. Por un lado,
algunas drogas presentan un factor de tolerancia alto, como es el caso
del café y las bebidas alcohólicas, y una persona puede familiarizarse
con ellas con muy pocos riesgos de intoxicarse, si bien los efectos
secundarios que producen en el organismo se evidencian tras largos
períodos de administraciones regulares. Por otro lado, existen drogas
con factores de tolerancia muy bajos, como los barbitúricos y otros
somníferos, cuyo consumo repetido no disminuye el riesgo de sufrir
intoxicaciones o efectos nocivos de una forma inmediata.
El concepto opuesto a la tolerancia es el consumo incontrolado, en el
que deja de importar el efecto buscado, y se sustituye por el deseo de
tomar nuevas dosis, sin las cuales el individuo sufre un síndrome de
abstinencia. Este síndrome consiste en una serie de reacciones, entre
ellas la ansiedad, desencadenadas cuando dejan de consumirse drogas o
fármacos adictivos, que tomados en dosis suficientes durante un largo
período de tiempo provocan un cambio en el metabolismo. Cada droga o
sustancia requiere diferentes dosis durante distintos períodos para
alcanzar un nivel de habituación, que, a su vez, también es diverso
según las características de cada persona.
FARMACODEPENDENCIA
Para la Organización Mundial de la Salud (OMS) la farmacodependencia es
«el estado psíquico y físico causado por la acción recíproca entre un
organismo vivo y un fármaco o droga, que se caracteriza por
modificaciones del comportamiento y por otras reacciones, que implican
siempre un impulso irreprimible de tomar el fármaco en forma continua o
periódica». En la actualidad no es necesario ser un opiómano o un
heroinómano para poder ser considerado un drogadicto, pues existen
auténticos adictos a numerosos fármacos, como la aspirina o el optalidón.
La amplia gama de calmantes, antidepresivos y otros psicofármacos que la
industria farmacéutica ha lanzado al mercado ha dado lugar a la
aparición de una toxicomanía de nuevas características. Los
tranquilizantes, los barbitúricos y las anfetaminas constituyen los tres
grupos de fármacos que más se prestan a un uso indebido, o abuso,
capaces de generar una adicción. Los factores comunes a este grupo de
fármacos consisten en que todos tienen efectos perjudiciales para el
organismo y generan una alta tolerancia con relativa rapidez, por lo que
se necesita aumentar las dosis al cabo de poco tiempo para lograr los
mismos efectos que al principio de su administración. Esto lleva a
muchos consumidores a la autoprescripción y la autodosificación, con
consecuencias graves para su organismo.
MEDICAMENTOS NATURALES
En ocasiones se puede recurrir a remedios naturales, como las infusiones
medicinales o los zumos de frutas y hortalizas, para aliviar algunas
dolencias, en lugar de optar por los medicamentos químicos; así, la
ingestión de tres tazas de tila o de melisa a lo largo del día produce
los mismos efectos tranquilizantes que proporcionan un par de tabletas
de somníferos por la noche. Una infusión de menta después de las comidas
puede reemplazar las pastillas que favorecen la digestión. Y una dieta
rica en fibras hará innecesario el uso de los laxantes, que siempre
presentan cierto grado de toxicidad. En los casos de resfriados o de
algunas infecciones leves se pueden hacer vahos de eucalipto y tomar
zumo de limón caliente y caldos de tomillo, ajo y cebolla, entre otros.
De este modo, se aliviarán notablemente las molestias sintomáticas. Por
otra parte, se puede prescindir de los antibióticos, ya que no son
eficaces contra los virus, que pueden ser los agentes causantes de la
mayoría de estas afecciones.
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