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Cuando se
produce una herida se forma un coágulo de sangre, cuya función es
detener la pérdida de sangre. Luego, la herida queda cubierta por una
costra, hasta que el tejido deteriorado se regenera por completo.
Durante todo el proceso los bordes de la herida se van aproximando, por
lo que la cicatriz es siempre menor que la herida inicial. El proceso
general de cicatrización varía en función de algunos factores, como
pueden ser el lugar donde se forma, o la edad de la persona que ha
sufrido la lesión.
ESTRUCTURA DEL TEJIDO CICATRIZAL
El tejido cicatrizal es fibroso, tiene una coloración más pálida que el
resto de la epidermis, debido a la ausencia de melanocitos, o células
que pigmentan la piel; tampoco tiene glándulas sudoríparas ni sebáceas
y, aunque puedan crecer algunos pelos sobre una cicatriz, su densidad es
menor que en la zona circundante.
CICATRICES EN LOS ÓRGANOS INTERNOS
En los órganos internos también se pueden producir cicatrices como
consecuencia de heridas, cortes quirúrgicos o enfermedades, siendo estas
últimas las que con más frecuencia aparecen en el cerebro y en el
corazón. Por ejemplo, después de un infarto de miocardio, queda una
cicatriz de mayor o menor tamaño en el músculo cardíaco, de acuerdo con
la extensión del infarto. El tejido formado en la cicatriz no posee
capacidad contráctil y es más débil que el del corazón. En el cerebro,
las cicatrices se forman después de un accidente cerebrovascular agudo
(ataque cerebral).
QUELOIDES
Se conoce como queloides el crecimiento excesivo del tejido fibroso de
cualquier tipo de cicatriz. Al principio la cicatriz parece cerrarse de
forma natural, pero una vez transcurridas varias semanas empieza a
crecer de un modo perceptible, haciéndose mayor y más gruesa, formando
un relieve en la superficie de la zona afectada. En ocasiones se
desarrolla un queloides en una cicatriz que ha permanecido latente
muchos años, o incluso puede aparecer en una parte de la piel que había
permanecido intacta. A pesar de que algunos queloides tienen un aspecto
desagradable, todos son inofensivos, por lo que no se suele prescribir
ni considerar necesario ningún tratamiento; al cabo de los años, los
queloides se suelen ablandar y alisar por sí mismos. Si se desean tratar
por cuestiones estéticas se puede recurrir a la administración de
corticoides, a la criocirugía, o congelación mediante una sonda, a la
radioterapia o a la cirugía plástica. El queloides no puede extirparse,
pues dejaría una cicatriz susceptible de convertirse en otro queloides
de nueva formación.
TRATAMIENTO
Las cicatrices normales continúan su proceso evolutivo durante 18 meses;
antes de este período no está indicado el tratamiento quirúrgico. En la
actualidad pueden reducirse e incluso eliminarse mediante la aplicación
de rayos láser.
CONSECUENCIAS PSICOLÓGICAS
Las repercusiones de orden psicológico causadas por las cicatrices en
algunas personas pueden ser graves, sobre todo cuando las tienen en
lugares expuestos a la vista de los demás. En tiempos pasados, algunas
adolescentes se recluían por completo para no dejarse ver porque
consideraban que su aspecto era inaceptable, aunque ahora es muy raro
que se lleguen a dar casos tan extremos. Ello se debe a que, además de
haberse producido un cambio de actitudes respecto al sentimiento
vergonzante que acompañaba a ciertas enfermedades, en la actualidad hay
muchos tratamientos con, los que las cicatrices pueden desvanecerse,
difuminarse o incluso desaparecer por completo. No obstante, si existen
secuelas anímicas de consideración, conviene acompañar el tratamiento
clínico o quirúrgico con unas sesiones de apoyo psicológico.
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