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Aunque los dolores de cabeza sean muy fuertes, es
probable que su carácter sea totalmente benigno y sus efectos sólo
temporales. En los casos más habituales están producidos por algún tipo
de tensión que somete a los tejidos musculares, o a los vasos sanguíneos
de la cabeza o del cuello, a esfuerzos desacostumbrados, y suelen
desaparecer sin causar mayores problemas. La sensibilidad de la cabeza
sólo existe en la piel y en los músculos que cubren el cerebro, en los
numerosos nervios que comunican el cráneo con la cabeza y la cara, y en
las meninges, o membranas que recubren el cerebro y la médula espinal.
El cerebro no posee nervios sensoriales, por lo que los tejidos
cerebrales son insensibles: nunca duelen.
CAUSAS
Según la constitución física y mental de cada individuo, los dolores de
cabeza pueden ser provocados por factores como el estrés, comer o beber
excesivamente, un medio ambiente ruidoso o contaminado, dormir poco o
demasiado, o un trabajo pesado. No obstante, desde el punto de vista
fisiológico, dos de las causas que lo originan están relacionadas entre
sí. La primera es la tensión que se deriva de la fatiga de los músculos
faciales, del cuello y del cuero cabelludo, que da lugar a las llamadas
cefaleas de tensión. La segunda es la dilatación de los vasos sanguíneos
locales, que da como resultado una estimulación y, por ello, un aumento
de la sensibilidad de los receptores nerviosos encargados de percibir la
sensación de dolor, lo cual provoca los dolores de cabeza o cefaleas
vasculares.
El caso de la resaca, el típico dolor de cabeza que sigue a un exceso de
ingestión de bebidas alcohólicas, se debe posiblemente a la dilatación
de los vasos sanguíneos del cerebro, ya que el alcohol es una droga
vasodilatadora.
CEFALEAS CRÓNICAS
En ocasiones el dolor de cabeza aparece de forma repetitiva y parece que
el paciente esté obligado a convivir con la cefalea: se trata entonces
de las llamadas cefaleas crónicas, que por sus diversas causas aparecen
también con características distintas.
Jaqueca o migraña
Aunque no se conoce con precisión su origen, sí se sabe que está
relacionada con el estrés y con la menstruación, y que también puede
estar provocada por la ingestión de determinados alimentos, como el
chocolate y ciertos quesos, así como por el vino tinto. Esta dolencia,
que se presenta con mayor frecuencia entre las mujeres de catorce a
cincuenta años, constituye el 10% de los casos de cefalea. Suele
comenzar por la mañana y bruscamente, provocando un dolor opresivo e
intermitente o pulsante, con frecuencia se halla acompañada de
trastornos visuales, náuseas, vómitos y depresiones. El tratamiento más
adecuado para la jaqueca consiste en el reposo, a poder ser a oscuras, y
la relajación.
Cefalea de tensión
También más frecuente en las mujeres, representa casi el 80% de las
cefaleas. Relacionada con el nerviosismo, la preocupación y la
irritabilidad, está causada por la sobrecarga o tensión emocional que
impide la relajación y el descanso, y suele provocar un dolor continuo,
aunque soportable. El tratamiento indicado, en función de la mayor o
menor intensidad del dolor, consiste en tomar algún analgésico suave,
como la aspirina o el paracetamol; también alivian de forma considerable
los masajes y los baños relajantes.
Cefalea histamínica
Este tipo de cefalea, poco frecuente, está provocada por la liberación
de histamina de los tejidos corporales. Afecta principalmente a los
hombres mayores de treinta y cinco años, y suele iniciarse por la noche
y de manera brusca. Provoca un dolor intenso e intermitente que aparece
en forma de crisis que perdura unas tres horas. Otros síntomas asociados
son el lagrimeo, las secreciones nasales y el enrojecimiento de los
ojos. El tratamiento indicado consiste en tomar analgésicos o sedantes
suaves.
CÓMO TRATAR LAS
CEFALEAS
Relajarse: dar masajes para estirar los músculos de los hombros, del
cuello, de la mandíbula y del cuero cabelludo.
Tomar un baño caliente y acostarse colocando sobre la zona dolorida un
paño caliente y seco, o húmedo y frío.
Beber zumos de fruta u otras bebidas sin alcohol.
Tomar algún analgésico suave, como la aspirina o el paracetamol.
Siempre que sea posible, dormir durante varias horas.
Si el dolor de cabeza se prolonga por más de 24 horas, o se repite dos o
tres veces por semana, conviene acudir al médico, ya que podría tratarse
de un síntoma de otra dolencia.
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