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Los motivos por los que algunas personas pueden
caerse con más frecuencia que otras son muy diversos. Algunas veces la
propensión a las caídas puede estar originada por la distracción; otras,
el problema puede provenir de una visión deficiente: es más probable
tropezar con un escalón no visto al subir una escalera, o con una
baldosa floja cuyo borde sobresale de la superficie. También es posible
no calcular bien las distancias, como, por ejemplo, la del bordillo de
la acera, y caer al intentar bajar a la calzada para cruzar una calle.
Si los tropezones y las caídas ocurren con cierta frecuencia, se hará
necesario visitar al oculista: es probable que dicha persona necesite
gafas o, si ya las usa, deba hacerse un reajuste de sus lentes. En otros
casos, la proclividad a caerse, tropezar o golpearse con muebles u otros
objetos puede obedecer a un estado de ansiedad o nerviosismo: una
persona alterada realiza sus movimientos de modo repentino y descuidado,
obra de forma impulsiva, y no tiene en cuenta los objetos que la rodean,
por lo que corre mayores riesgos de sufrir accidentes, como golpearse,
cortarse, quemarse o caerse.
LAS CAÍDAS DE LOS NIÑOS
A pesar de que los niños pequeños se caen numerosas veces cada día
mientras aprenden a caminar, por lo general no sufren daños debido a que
sus articulaciones son muy elásticas y sus huesos tienen una gran
flexibilidad, lo que ya no ocurre en el caso de personas adultas o
ancianas. Es importante destacar que cualquier niño que se queje de
dolor por una caída, tras un tiempo prudencial después del accidente,
puede padecer alguna lesión seria y debería ser examinado por un médico.
TRAUMATISMO CRANEAL
En caso de un fuerte golpe en la cabeza, siempre debe consultarse a
un médico. Para considerar la gravedad de la lesión se deben tener en
cuenta varios síntomas, tales como pérdida de conocimiento,
desorientación o pérdida de memoria, dolor de cabeza persistente,
náuseas, mareos, falta de equilibrio o súbitas desviaciones de la
mirada. Es habitual que los niños se muestren pálidos y asustados
tras una caída, pero si estas manifestaciones exceden de un tiempo
razonable también conviene recurrir a un médico. Debido a que los
huesos que forman el cráneo de los bebés aún no se han fusionado, casi
siempre absorben la energía del golpe sin que se llegue a producir una
fractura o una lesión grave.
LAS CAÍDAS DE JÓVENES Y DE
ADULTOS
Como los jóvenes y las personas adultas son más altos, más grandes y
pesados, y sus huesos no son tan flexibles como los de los niños, es
frecuente que sus caídas provoquen alguna lesión. La mayor parte de las
fracturas y lesiones de los miembros superiores, es decir, brazos y
manos, se producen ante una pérdida del equilibrio, ya que de forma
instintiva se adelantan para proteger la cara y la cabeza, por lo que
reciben los daños. En algunos deportes, como el esquí, el fútbol,
el rugby o los saltos, se realizan movimientos muy rápidos, que en caso
de pérdida del equilibrio, también pueden ocasionar caídas graves.
LAS CAÍDAS DE LOS ANCIANOS
Las caídas constituyen el tipo de accidente más común y de mayor
gravedad entre las personas mayores de sesenta y cinco años, ya que
muchas veces tienen consecuencias y complicaciones graves. La mayoría de
personas de edad avanzada sufren una disminución de los reflejos y de la
visión, lo que las convierte en propensas a sufrir caídas. También
algunas dolencias circulatorias o artríticas, la enfermedad de Parkinson
y la falta de ejercicio físico afectan la capacidad de mantener el
equilibrio.
Las consecuencias de las caídas pueden llegar a ser
muy peligrosas. La fragilidad de la piel y de los pequeños vasos
sanguíneos provoca que las contusiones sean más importantes y extensas
entre los ancianos. Una caída también puede provocarles hemorragias
internas, fracturas, hipotermia e incluso la muerte. Si las fracturas
requieren para su curación un largo período de inmovilidad, los huesos y
los músculos envejecidos se pueden debilitar mucho más; la
inmovilización puede, incluso, ser causa de trastornos circulatorios.
CÓMO ACTUAR ANTE LAS CAÍDAS
Cardenales y chichones. Aplicar compresas frías
sobre la contusión para aliviar la hinchazón.
Estado de inconsciencia. No mover al paciente. Cubrirlo con una
manta para mantenerlo abrigado y solicitar una ambulancia. Si no
respira, practicar rápidamente la respiración artificial boca a boca,
aunque para ello haya que moverlo.
Estado de shock. Si el afectado tiene una sensación de frío,
sudoración, malestar general y aturdimiento, conviene mantenerlo
caliente y elevarle las piernas si éstas no están lesionadas.
Fracturas. Mover al paciente lo menos posible. Si puede caminar,
llevarlo al hospital. En caso contrario, solicitar ayuda médica urgente.
Debe mantenerse al paciente abrigado y caliente. No se le debe
administrar comida ni bebida, ya que puede necesitar anestesia general
en caso de que haya que someterlo a una intervención quirúrgica.
Observar si hay síntomas de shock.
Hemorragias. Presionar sobre la herida con un paño limpio durante
unos quince minutos, o hasta que se detenga la hemorragia. Si la herida
es profunda, deberá llevarse al afectado a un hospital.
Traumatismo craneal. Ante una pérdida del conocimiento llevar al
paciente urgentemente al médico o al hospital.
Traumatismo de columna vertebral. No se debe mover a la persona
afectada. Mantenerlo caliente y llamar con urgencia a una ambulancia.
CONTINUAR
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