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Los accidentes más graves son aquellos que afectan a los sistemas
circulatorio y respiratorio, ya que éstos cumplen funciones vitales
esenciales, y cualquier lesión que altere dichas funciones representa un
peligro potencial para la vida. Ante un accidente grave es de suma
importancia conseguir una rápida atención médica o de primeros auxilios
en el mismo lugar del accidente.
Los accidentes que provocan una importante pérdida de sangre pueden
originar una caída de la presión arterial e incluso un fallo cardíaco,
es decir, que un accidentado con una hemorragia profusa puede caer en
un estado de shock con grave riesgo para su vida.
Una persona en estado de shock presenta un aspecto pálido, aceleración
del pulso y disminución de la temperatura, en especial de la temperatura
epidérmica.
Cuando un accidentado está inconsciente y se encuentra acostado de
espaldas conviene situarlo de costado, ya que la primera situación puede
provocar una obstrucción de sus vías respiratorias superiores
ocasionada por vómito, hemorragia o secreciones bronquiales.
En el caso de un accidente en el que un conductor sufra un choque
frontal y se golpee contra el volante fracturándose la pared lateral del
tórax o lesionándose la caja torácica, puede sufrir también problemas
respiratorios.
Si se produce una herida abierta en el tórax puede ocasionarse un
neumotórax, o penetración de aire en la cavidad pleural. El aire se
sitúa entre los pulmones y la pared que forman las costillas, y si no
puede salir va comprimiendo los órganos situados en la cavidad torácica,
causando un grave trastorno cardiorrespiratorio.
NORMAS QUE DEBEN SEGUIRSE
1. Actuar con rapidez y serenidad, y tranquilizar al accidentado.
2. Tras una rápida composición de lugar, prevenir otros peligros, como
una explosión, un incendio o un derrumbamiento, y proteger a la víctima.
3. Si hay varias víctimas prestar auxilio en primer lugar a la que
aparente mayor gravedad.
4. Conseguir una asistencia especializada lo antes posible y evitar que
el accidentado se quede solo.
5. Examinar al accidentado por el siguiente orden y practicarle las
operaciones que se detallan:
• Respiración.
Si está inconsciente y no respira, debe practicársele
la respiración artificial. Asegurarse de que las vías respiratorias
estén abiertas y libres de cualquier obstrucción. Aflojarle las ropas y
quitarle gafas y dentaduras postizas. Si el accidentado se encuentra
inconsciente y boca arriba, colocarlo de costado para evitar, de esta
forma, el riesgo de asfixia.
• Circulación y hemorragias.
Detener la salida de la sangre, presionando firme y constantemente con
un trozo de tela limpia toda la zona de la herida. No es conveniente utilizar torniquetes, excepto en caso de heridas vasculares
localizadas en las extremidades. En tal caso, el torniquete se aplicará
por encima de la herida, y será necesario aflojarlo durante unos
segundos a intervalos no superiores a los veinte minutos.
• Estado de shock.
Los síntomas más comunes a cualquier tipo de shock son la palidez, la
piel fría y cubierta de sudoración, el malestar, las náuseas, el pulso
muy rápido, la tendencia al desmayo, la taquicardia y la respiración
superficial.
Colocar al accidentado tendido de espaldas, con los pies elevados
(siempre que no se observen lesiones en las piernas). Abrigarlo y no
permitir que ingiera nada, ni comida ni bebida, y mucho menos bebidas
alcohólicas.
• Fracturas.
Evitar todos los movimientos innecesarios del herido y,
si la fractura se halla en una extremidad, tratar de inmovilizarla.
ACCIDENTES LEVES
En los casos más frecuentes de accidentes leves, se puede proceder a
socorrer a la víctima practicándole los primeros auxilios siguientes:
Quemaduras de primer grado
Dejar correr agua fría sobre la zona quemada. Manipular esta zona con
las manos muy limpias para prevenir la infección y el tétanos. Aplicar
una crema hidratante o antiséptica. Cubrir las ampollas abiertas con una
compresa estéril.
Insolación
Los síntomas consisten en fuertes dolores de cabeza, mareos y vómitos.
En casos extremos se produce la pérdida del conocimiento, fiebre de
más de 40 grados, delirios e incluso el coma. Acostar al enfermo con la
cabeza elevada, en un sitio fresco y a la sombra, y aflojar sus ropas.
Aplicar compresas de agua fría en la cabeza. Si está consciente,
hacerle beber agua en pequeñas cantidades. Se debe consultar al médico
siempre, ya que la insolación puede causar una hemorragia cerebral de
pronóstico muy grave.
Picadura de abeja o de avispa
Extraer el aguijón y aplicar alcohol. En caso de picaduras en la
garganta o en la boca, acudir con urgencia al médico, puesto que se
pueden producir graves dificultades respiratorias.
Mordedura de perro o de gato
Lavar de inmediato la herida con agua y jabón abundantes. Ante la
sospecha de hidrofobia (rabia), se debe intentar la identificación y
captura del animal y llevarlo al instituto sanitario más próximo para
que confirmen el diagnóstico y procedan a la vacunación del
accidentado.
ACCIDENTES EN EL HOGAR
Por lo general, los más perjudicados por los accidentes domésticos son
los niños y la mayoría de dichos acidentes podrían ser evitados si los
adultos pusieran más atención y cuidado.
Para prevenir estos accidentes es necesario conocer los riesgos, tomar
precauciones y educar a los niños sobre los peligros a los que pueden
exponerse.
Los accidentes más graves y habituales que suelen producirse en el
hogar son los siguientes:
• Asfixia, causada por la aspiración de pequeños objetos o piezas.
Este accidente constituye la causa más frecuente de mortalidad entre los
menores de cuatro años.
• Intoxicación por medicamentos u otros productos que se utilizan en
el hogar, como detergentes, lejía y disolventes, entre otros muchos.
• Quemaduras de diversos tipos, que afectan sobre todo a los niños a
partir de los 5 hasta los 14 años, y que en numerosos casos ocasionan la
muerte.
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