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Recolección y
Conservación de las
plantas medicinales 1
Dado el parecido que algunas especies tienen entre sí
a los ojos de la persona poco introducida en el mundo de las plantas
medicinales, es imprescindible una correcta identificación de la especie
deseada, puesto que la confusión de una planta por otra puede llevar en
algunos casos a graves envenenamientos de consecuencias fatales.
Debe tenerse en cuenta asimismo que los principios
activos no se reparten de igual forma en todos los órganos de la planta
ni se encuentran con la misma concentración en cualquier época del año.
Por el contrario, existen órganos en la misma planta con máxima riqueza
en la sustancia deseada y en determinadas épocas del año su presencia es
más notable que en otras. Dado que los principios activos se encuentran
en hojas, yemas, tallos, corteza del tronco, raíces, bulbos, tubérculos,
flores, semillas, etc., se indican a continuación unas notas acerca de
la forma y momento de recolección para cada uno de estos órganos.
Las hojas
deben recolectarse, como norma general, cuando la planta se halla en
pleno desarrollo y con mayor cantidad de botones florales o capullos,
pero sin que haya comenzado la floración. Tras su recolección y para
proceder a su secado, deben ser bien extendidas en un lugar seco y
ventilado, preferentemente oscuro para evitar su decoloración.
Las yemas
se recogen al final de la estación fría o al principio de la estación
templada que le sigue, antes que su desarrollo se haga evidente. Para su
secado debe procederse de análoga forma a la explicada para las hojas,
pero situándolas en un lugar sombreado, una exposición al sol demasiado
larga les sería desfavorable.
Los tallos
deben ser recogidos a principios de la estación fría.
La corteza
del tronco ha de obtenerse de árboles mayores de dos años, pero evitando
los muy viejos. Su secado se lleva a cabo de forma parecida al que se
describirá para las partes subterráneas.
Las partes subterráneas
(raíces, bulbos, tubérculos, rizomas, etc.) hay que recolectarlas con
sumo cuidado, en general al iniciarse la estación fría, excepto para las
especies anuales, en que el momento más apropiado es el que antecede a
la floración. Para eliminar la tierra que quede adherida conviene darles
sin tardanza un corto lavado, y secar al sol o a la sombra en un lugar
ventilado.
En cuanto a las flores,
su recolección se debe llevar a cabo cuando se hallan en capullo o
cuando aún no han llegado a su completa apertura, o incluso ya abiertas,
dependiendo estos tres estadios de la especie de que se trate en cada
caso. El momento más adecuado es por la mañana. Si se quiere que
conserve su color, debe ponerse a secar en un lugar oscuro.
Los frutos
reciben distinto tratamiento según que sean carnosos o secos. Los
carnosos se cogen cuando se halla en plena madurez o un poco antes de
dicho momento, como en el caso de la fresa, la frambuesa, etc., puesto
que su pulpa sufre una pronta alteración. En cuanto a los frutos secos,
debe hacerse distinción entre los que se abren (dehiscentes) y los que
no lo hacen. Los primeros deben recogerse cuando, ya maduros, aún no han
llegado a secarse. Los segundos son cosechados antes de su maduración si
el principio activo se halla en el mismo fruto, mientras que, cuando la
sustancia medicinal se halla en las semillas, la recolección hay que
efectuarla una vez completada la maduración del fruto.
Las semillas
se recolectan en una fase que, como en el caso de los frutos, depende de
lo suculento de éstos. Cuando se trata de semillas en frutos carnosos,
aquéllas deben ser cosechadas antes de que el fruto sobremadure. En el
caso de semillas de pequeño tamaño su recolección se lleva a cabo
tomando la planta, secando ésta y separando los granos mediante batido.
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