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La reacción de las personas ante el estrés forma
parte de un instinto de supervivencia innato que les capacita para
actuar de modo instantáneo frente a las amenazas. En una situación de
peligro, el organismo experimenta un proceso que incluye diversos
cambios físicos. La frecuencia cardíaca aumenta y el corazón bombea
sangre hacia todos los músculos, mientras que la presión arterial se
eleva. El nivel de azúcar en la sangre aumenta y los pulmones aportan el
oxígeno necesario para que los músculos transformen ese azúcar en
energía, lo que se manifiesta con una respiración acelerada e incluso
jadeante.
Dado que el organismo posee un aporte sanguíneo
limitado, se produce entonces una redistribución entre los distintos
sistemas, de tal modo que se reduce la cantidad de sangre que irriga el
estómago, lo cual provoca alteraciones en el proceso digestivo. Se seca
la boca, se dilatan las pupilas y la piel comienza a transpirar para
enfriar el cuerpo, que experimenta un exceso de calor. Mientras, las
glándulas suprarrenales liberan adrenalina, que mantiene las reacciones
ante el estrés. Cuando el peligro desaparece, el individuo se relaja y
su organismo libera la tensión mantenida. Por el contrario, una persona
con ansiedad padece los mismos cambios físicos y químicos, pero mantiene
la tensión de forma constante.
SÍNTOMAS
Si una persona sufre un ataque de ansiedad, se sentirá aprensiva y
nerviosa, le invadirá el temor, será incapaz de concentrarse, de pensar
claramente y de descansar. Algunas veces puede sufrir pesadillas y
síntomas ocasionales de terror, como palpitaciones, sudor en la palma de
las manos, temblores, pérdida de la voz, dificultad al tragar e incluso
diarrea. También pueden producirse dificultades respiratorias, dolores
torácicos e incluso episodios de asma, debido a que los pulmones se
encuentran bajo una presión constante.
Al cabo de un tiempo de sufrir ansiedad, algunas
personas se vuelven hipocondríacas, convencidas de que sufren trastornos
cardíacos o digestivos. También resulta afectada la capacidad sexual de
las personas ansiosas: los hombres experimentan serias dificultades para
mantener la erección o bien tienen eyaculación precoz, mientras que las
mujeres padecen diversas disfunciones orgásmicas.
La contracción prolongada de los músculos puede
causar calambres, dolor de espalda, hombros y cuello, o cefaleas. Los
trastornos digestivos pueden incluir irritación de colon, náuseas, dolor
de estómago y úlceras gástricas. Si la ansiedad se prolonga, se pueden
desarrollar síntomas secundarios, como erupciones cutáneas o trastornos
de peso, tanto por aumento como por pérdida.
CÓMO CONTROLAR LA ANSIEDAD
Es necesario el conocimiento de las causas que motivan la ansiedad,
e incidir sobre ellas para tratar de modificarlas. Conviene practicar
regularmente ejercicios de relajación, sentarse, leer o escuchar música.
Hay que tener en cuenta que el tabaco y el café aumentan el estrés. El
médico debe determinar si la ansiedad obedece a alguna dolencia física,
como el hipertiroidismo. En casos concretos, se puede recomendar un
tratamiento con medicación ansiolítica o con psicoterapia.
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