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Pese a que los analgésicos están destinados a aliviar
el dolor, no todos actúan de igual forma ni tienen el mismo alcance. Por
dicha razón, se prescriben según el tipo y el grado de dolor que sienta
el paciente, así como también de acuerdo con la causa que lo produce.
Los analgésicos que componen el grupo de los narcóticos alivian el dolor
mediante la interacción con las endorfinas, sustancias que produce el
propio cerebro y son similares a la morfina. Por contraposición, los
analgésicos no narcóticos actúan inhibiendo la producción de las
prostaglandinas, unas sustancias que causan contracturas musculares y,
en consecuencia, aumentan la sensibilidad al dolor.
Los narcóticos, cuyos efectos se dejan sentir en el
sistema nervioso central, están constituidos principalmente por los
alcaloides naturales del opio, además de otras sustancias sintéticas o
semisintéticas, o sucedáneos químicos del opio, como la metadona, la
buprenorfina o la pentazocina. Todos ellos son potentes analgésicos, que
están sometidos a un estricto control legal, médico y farmacéutico, y su
administración se limita a los enfermos hospitalizados en estado grave o
a los pacientes con dolores en estado terminal.
El organismo de todos los vertebrados, a través de
órganos como la hipófisis y el hipotálamo, secreta hormonas que actúan
contra el dolor y el temor, llamadas endorfinas y encefalinas. Los
experimentos llevados a cabo con estas sustancias en diversos animales
han demostrado que su efecto es más breve, pero también mucho más
potente que el de la morfina. Justamente, los opiáceos actúan en
combinación con esas sustancias generadas por el propio cerebro, y
juntos disminuyen o eliminan completamente el dolor, es decir, producen
el efecto conocido como analgesia.
Los opiáceos tienen, de todas formas, efectos
secundarios de consideración, como el crecimiento paulatino de la
tolerancia experimentada por el organismo hasta producir una adicción
física a la sustancia, además de otros más leves que consisten en la
depresión de los centros respiratorio y circulatorio, las náuseas, los
vómitos y el estreñimiento.
En el grupo de los analgésicos no narcóticos, cuyo
campo de acción es periférico, destacan la aspirina y el paracetamol,
fármacos que no producen dependencia física. La fenacitina, que hasta no
hace mucho tiempo gozaba de gran popularidad, ha caído en desuso tras
comprobarse que tenía efectos secundarios, de carácter acumulativo,
sobre el riñón. La aplicación de estos analgésicos de potencia leve y
limitada destaca en el tratamiento de dolores musculares, óseos y
articulares, de cefaleas y de molestias premenstruales.
LA ASPIRINA
La aspirina, nombre comercial del ácido acetilsalicílico, además de
su función analgésica, reduce la fiebre y produce un efecto
antiinflamatorio que alivia las molestias de los músculos y de las
articulaciones. Se emplea tanto para tratar los dolores agudos y
continuos como los dolores intermitentes. Es un producto de venta libre
en las farmacias, y sus principales usos abarcan las cefaleas, el dolor
premenstrual, diversas neuralgias, los dolores de muelas, la fiebre, el
reumatismo y la gripe.
A pesar de todas sus bondades, la aspirina también
tiene sus contraindicaciones, aunque por fortuna muy limitadas. Su
consumo abusivo suele causar irritación en las paredes del estómago y
puede producir úlceras. En consecuencia, su administración está
contraindicada en los casos de gastritis, de acidez estomacal y de
cuadros ulcerosos. La propiedad vasodilatadora de la aspirina implica,
en estos casos, el riesgo de provocar hemorragias digestivas,
especialmente cuando su ingestión se combina con la de otros productos
irritantes, como el alcohol, el café y el tabaco. Aunque con muy escasa
incidencia, también puede producir trastornos respiratorios en algunas
personas.
El descubrimiento de la aspirina es un indiscutible
hito en la historia de la farmacología y de la medicina, dadas las
múltiples aplicaciones que tiene. Por sus propiedades analgésicas,
antipiréticas, antiinflamatorias y descongestionantes, se ha convertido
casi en la panacea universal que buscaban los antiguos alquimistas. En
los últimos años se ha comprobado que, además, tomada en dosis no
superiores a media pastilla diaria, contribuye a mejorar la circulación
sanguínea y a evitar con ello los ataques cardíacos.
APLICACIONES Y CONSECUENCIAS
Aspirina
Indicaciones: Dolores continuos e intermitentes, tanto agudos como
crónicos. Cefaleas, dolores premenstruales, neuralgias, dolor de muelas,
gripe, fiebre y reumatismo.
Efectos: Rápida acción antifebril y antiinflamatoria. No causa
dependencia. Puede producir irritación y pequeñas hemorragias en el
estómago, y causar erupciones cutáneas o problemas respiratorios en
algunas personas.
Codeína
Indicaciones: Sedante, antiespasmódico, tratamientos contra
la tos y las diarreas, y contra diversos tipos de dolores.
Efectos: Sus consecuencias orgánicas son las mismas que las de la
morfina. Opiáceo adictivo, con alta tolerancia.
Fenilbutazona
Indicaciones: Enfermedades reumáticas y articulares.
Efectos: Antiinflamatorio. Puede causar trastornos y
descompensaciones en la composición sanguínea.
Morfina
Indicaciones: Diarreas agudas y crónicas, dolores muy intensos
provocados por heridas graves, ataques cardíacos, trombosis coronaria,
estados postoperatorios y enfermedades en estado terminal.
Efectos: Inhibe o reduce rápida y eficazmente las reacciones ante
los estímulos dolorosos. Depresión de los sistemas respiratorio,
circulatorio y digestivo, náuseas, vómitos, tolerancia y dependencia.
Paracetamol
Indicaciones: Dolores continuos e intermitentes, gripe y
fiebre.
Efectos: Reduce la fiebre sin provocar irritación
gástrica. Escasa acción antiinflamatoria. Efectos menos intensos y menos
duraderos que los de la aspirina. Su uso constante y a dosis elevadas
puede ocasionar trastornos hepáticos.
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