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Las amígdalas constituyen una importante estructura
formadora de anticuerpos, en especial durante la infancia. Se
desarrollan rápidamente desde los primeros meses de vida, a medida que
el niño entra en contacto con distintos microorganismos. A partir de la
pubertad, su actividad se limita y su tamaño se reduce. Por las
amígdalas pasan los alimentos y el aire que entran al organismo, lo que
sugiere que tienen una función de defensa contra las infecciones. No
obstante, pueden, a su vez, infectarse, produciendo afecciones que, a
veces, provocan su extracción como único remedio.
AMIGDALITIS
La amigdalitis puede ser causada por una bacteria, que en la mayoría
de los casos es un estreptococo, o por un virus. Ante un cuadro de
amigdalitis aguda los síntomas varían según la gravedad de la infección,
pero siempre se produce una fuerte molestia en la faringe con dolor al
tragar, y una inflamación de las amígdalas. A veces el dolor se extiende
hasta el oído y el cuello, debido a la inflamación de los ganglios allí
situados. También se puede observar un aumento de la temperatura
corporal, que es más acusado en los niños.
Cuando la infección es bacteriana, con frecuencia
aparecen placas de pus en las amígdalas. Por lo general, se prescribe al
paciente un tratamiento con aspirina o paracetamol, que alivian el dolor
y provocan el descenso de la temperatura. Si bien no se ha demostrado
que los antibióticos modifiquen el curso de esta enfermedad, sirven para
prevenir las complicaciones, como el absceso periamigdalar y la fiebre
reumática. Las molestias al deglutir pueden reducirse mediante una dieta
basada en alimentos blandos o líquidos.
Cuando las amígdalas se infectan por virus los
síntomas son menos intensos y se prolongan durante menos tiempo que en
el caso de una infección bacteriana. Sin embargo, en caso de aparecer
una mononucleosis infecciosa, al dolor de garganta se le suman astenia,
dolores articulares e inflamación de todos los ganglios linfáticos. Las
amígdalas se recubren de membranas blanquecinas y el paladar queda
moteado por pequeños puntos hemorrágicos. En ningún caso de infección
vírica está indicada la práctica de una amigdalectomía o extracción de
las amígdalas.
TUMORES
Los tumores de amígdalas pueden presentarse a cualquier edad, pero
por fortuna suelen ser muy raros, tanto el linfoma como el carcinoma. El
síntoma que suele apuntar a la existencia de un linfoma es el
crecimiento repentino de las amígdalas, acompañado de la inflamación de
otros ganglios del cuerpo, como, por ejemplo, los de las ingles y los de
las axilas.
El carcinoma suele afectar a los ancianos y tiene más
incidencia entre los hombres que entre las mujeres. También
caracterizado por un incremento del tamaño de las amígdalas, produce un
dolor intenso e inclusive puede causar la ulceración de éstas. Si no se
descubre a tiempo, el tumor suele extenderse a los ganglios del cuello,
lo que dificulta su remisión. En ambos casos, cuando la detección y el
tratamiento son precoces, las posibilidades de recuperación son
considerablemente altas.
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