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Vinos
Vino tinto y vino blanco, vinos de toronjil, de valeriana, de lúpulo,
de romero, de ajenjo, de centaura menor, de pepsina, de ajo.
Indicaciones: «Bebe vino y estarás sano» se dice que era uno de los
consejos que Hipócrates daba a sus pacientes. Y, en efecto, hasta los
consejos históricos más remotos aseguran que el vino -ingerido
moderadamente- es una medicina notablemente beneficiosa para la salud.
No es extraño, pues, que haya adquirido tanta importancia en la medicina
popular.
El vino tinto, seguramente por su color, es considerado
como renovador de la sangre, reconstituyente y activante, y suele darse
generalmente a los convalecientes y a las personas de edad avanzada,
junto con determinados ingredientes adicionales que lo refuerzan.
Las recetas para su preparación son numerosísimas, pudiendo asegurar que
casi todo amante de un buen vino posee una fórmula particular.
La receta de mi tatarabuela
Se mezcla 1/4 de litro de vino tinto con 2 cucharaditas de miel
removiéndolo bien hasta que ésta quede totalmente disuelta. Se le añaden
2 yemas de huevo y se bate con un batidor de madera durante
aproximadamente un minuto, al cabo del cual se le agrega el zumo de 1
limón. Este preparado reconstituyente deberá tomarse a pequeños sorbos 1
ó 2 veces al día.
Vino tinto sin aditamentos.
Las personas de cierta edad gustan de tomarse su vasito o vasitos de
vino tinto para «fortalecer el corazón» y como preventivo de la
arteriosclerosis. Pues bien, la ciencia ha demostrado que no existe
prueba alguna de tales propiedades del vino, pero lo cierto es que en la
práctica las referidas personas que toman diariamente 1/8 de litro de
vino tinto, dos o tres veces al día se sienten sanas y llenas de
vitalidad. Los médicos no tienen nada que oponer al respecto, siempre
que no exista ningún padecimiento hepático. En algunas regiones se
prefiere el vino blanco. Personalmente creo que no existe ninguna
diferencia entre blanco o tinto respecto a sus efectos.
Los aditamentos farmacológicos, preferentemente las esencias o
derivados de plantas medicinales, convierten el simple vino. Este tipo
de vinos pueden adquirirse en el mercado, con la garantía de una buena
calidad y dentro de un gran surtido, en establecimientos especializados
y en farmacias. Pero sigue habiendo un gran número de personas que
prefieren preparárselo ellas mismas según su propia receta.
Como receta base puedo recomendar la siguiente
Se añaden 30 g de plantas medicinales diversas por cada litro de vino
blanco y se deja reposar la mezcla, en una botella bien encorchada,
durante dos semanas a temperatura ambiente. Conviene agitarlo de vez en
cuando. Al cabo de las dos semanas se pasa por un tamiz fino o un filtro
de papel y el líquido obtenido, convertido ya en vino medicinal,
está listo para tomar, a razón de una copita de las de licor de dos a
tres veces al día.
Siguiendo esta receta básica se pueden elaborar los siguientes vinos:
Vino de melisa, vino de valeriana, vino de lúpulo,
como sedantes.
Vino de romero, como estimulante y diurético.
Vino de ajenjo, vino de artemisa, vino de centaura
menor, como activantes de las glándulas digestivas y para abrir el
apetito.
En lugar de vino blanco se emplea a veces vino dulce de jerez,
especialmente para preparar el popular vino de pepsina contra los
trastornos digestivos. Dada la dificultad de proporcionarse los
ingredientes necesarios para su elaboración, mi consejo es adquirirlo en
la farmacia.
Finalmente quiero referirme al vino de ajo, recomendado contra la
arteriosclerosis.
Modo de elaborar el vino de ajo
Se pican 2 cabezas de ajo, se mezclan con 1 litro de vino blanco y se
pone a hervir. El líquido obtenido se deja reposar durante unos días y
luego se cuela.
La dosis recomendada es:
1 copita de las de licor dos o tres veces al día.
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